lunes, 5 de marzo de 2012

Principessa Mafalda


El 25 de octubre de 1927 el trasatlántico Principessa Mafalda, bautizado en homenaje a la princesa italiana Mafalda, hija del rey Víctor Manuel III, se hundió en las costas de Brasil en uno de los naufragios más brutales y espantosos del siglo XX en tiempos de paz. Algunos años después, en 1944, la propia Mafalda di Savoia, prisionera del odio de Hitler, falleció en el campo de concentración de Buchenwald. Un nombre de mujer y dos tragedias que intentaron borrarse de la historia.



La Principessa Mafalda

Chi si ferma è perduto (1) O con noi o contro di noi (2) rugía el Duce mientras miraba de reojo al voluble Vittorio Emanuele III. La familia real italiana ya había cambiado de bando en 1914 y se las apañaba para seguir reinando mientras centenarias monarquías europeas eran reemplazadas por sistemas republicanos de gobierno. Mussolini desconfiaba del rey y con buenas razones, lo que no imaginó fue que Vittorio Emanuele cometería una memorable felonía. 
El rey destituyó y detuvo a Mussolini con el apoyo de los sectores tradicionales del ejército y de la alta burguesía, mientras le guiñaba un ojo al Führer asegurándole que Italia continuaría la lucha a su lado..nada más lejos. Se encontraba negociando una paz separada con los Aliados y una posterior declaración de guerra a Alemania. Cuando Hitler se enteró de la traición, todo su odio apuntó contra la hija preferida del rey: la Principessa Mafalda.



La dulce y obediente Mafalda Maria Elisabetta Anna Romana di Savoia gustaba del arte y había recibido una excelente educación. En 1925 fue casada con el hijo de una de las familias más distinguidas de la nobleza alemana:el príncipe y landgrave Felipe de Hessen-Kassel, chico guapo, bisexual y fascista, que supo tener un sonado y apasionado romance con el poeta inglés Siegfried Sassoon antes de su matrimonio con la noble italiana. No obstante, la pareja cumplió con sus obligaciones y tuvieron cuatro hijos. Hacia 1943, cuando la guerra en Europa entraba en su etapa definitiva, los aliados llegaban a Sicilia y Mussolini caía en desgracia, Hitler ponía en marcha la Operación Abeba y comenzaba la caza de la familia real italiana a cualquier precio. Mafalda no creyó estar en peligro, después de todo, su esposo estaba afiliado al Partido Nazi y era gobernador de la provincia de Hesse-Nassau. Sus hijos sin embargo habían sido enviados por precaución al Vaticano y estaban al cuidado de Monsignor Montini, el futuro Papa Pablo VI. Sólo después de ser secuestrada en Roma y enviada a Alemania, se enteró que Hitler había acusado de traición a Felipe y lo había encarcelado. También acusada del mismo crimen por el Führer, Mafalda fue enviada a Buchenwald donde vivió en la barraca Nº15, separada de los otros prisioneros y con la prohibición de revelar su verdadera identidad. El barracón, rodeado por un muro de tres metros y alambres de púas, fue su último hogar. El 24 de agosto de 1944 y mientras el campo era bombardeado por aviones aliados, Mafalda fue herida de gravedad en un brazo a la altura del hombro y después de una malograda operación, murió desangrada y solitaria. Su cuerpo fue reconocido por un sacerdote justo antes de entrar en el horno crematorio y fue enterrada piadosamente en el cementerio de Weimar como eine Frau unbekannte (mujer desconocida)

Pasaron varios años y negociaciones (1951) antes que sus restos llegaran al mausoleo de los Landgraves de Hesse, en el castillo Kronberg, donde se encuentran en la actualidad. Por mucho tiempo nadie quiso saber de esa Principessa mártir, eran tiempos donde la monarquía se hundía en su mar de miserias. 














1. "El que duda, está perdido"
2. "Con nosotros o en contra de nosotros"
3, 4 y 5: Fragmentos de "Principessa Mafalda" y palabras del autor Ovidio Lagos. 
Fuentes:

. Lagos, Ovidio. Principessa Mafalda.Capítulo 1
. Wikipedia, español, inglés e italiano (enlaces en texto)
Imágenes: Internet
Libro recomendado: 




Il Principessa Mafalda

Era impresionante, “141 metros de eslora, 17 metros de manga, doce mil toneladas, dos chimeneas, dos motores de diez mil caballos de fuerza cada uno y dos poderosas hélices que podían propulsarlo a la asombrosa velocidad de diecinueve nudos por hora”(3)Unía Génova y Buenos Aires en quince días ¡un record! Con los unos y los otros perfectamente separados, el trasatlántico Principessa Mafalda ofrecía 100 lugares en Primera Clase con todo el lujo, comodidades y espacio que exigían los conspicuos pasajeros upper class europeos y los argentinos ricos. La Segunda Clase, en la popa, tenía espacio para 150 locaciones y se llenaba de funcionarios de segundo orden, empleados, docentes y en Tercera Clase, con capacidad para 1200 personas, viajaban hacinados como animales, los inmigrantes “No había para ellos depósito de baúles y valijas; los niños dejaban su orina y excrementos; la gran mayoría vomitaba. Todos, de una manera u otra, habían sido reducidos a vivir en una suerte de perrera. Una vez realizado el viaje, varias veces se dejaba la tercera clase tal como estaba, con suciedad e insectos, pronta a recibir a un nuevo viajero”(4). El Buenos Aires próspero, donde abundaba trabajo y comida, esperaba al final de cada viaje a unos y otros y era el sueño dorado para los desposeídos. Construido en 1908 a partir de los astilleros en Riva Trigoso y encargado por Lloyd Italiano, para 1927 el barco cumplía su nonagésima travesía, incluso Carlitos Gardel había sido uno de sus ilustres pasajeros. Los años sin embargo, lo habían deteriorado y en octubre se preparaba para una última travesía. 973 pasajeros más 288 tripulantes constituían las 1261 almas que zarparon de los muelles genoveses. Las cosas no parecían ir bien. De partida, hubo un retraso de cinco horas por averías en el cuarto de máquinas y luego, cuando continuaron el viaje, las vibraciones del buque eran anormales. Días después estallaron las calderas y el barco se quedó sin medios de propulsión y también sin radiotelegrafía. Luego de los arreglos, el Principessa Mafalda se dirigió a las costas brasileñas iniciando el cruce atlántico y navegando hacia el sur. Era el atardecer del 25 de octubre de 1927 cuando un extraño ruido sacudió la embarcación, la orquesta se detuvo y sonaron las sirenas. Se había partido la hélice izquierda, las palas chocaron contra el casco y una avalancha de agua comenzó a inundar la sala de máquinas. Sí, el Mafalda estaba perdido y había comenzado el pánico, la feroz lucha por la supervivencia, la tragedia. Los botes salvavidas –en su mayoría podridos y escasos- estaban a medio bajar cuando llegó la marea de inmigrantes “Los hombres lograban un lugar en los botes de salvamento a puñetazos contra los más indefensos y las mujeres con sus hijos estaban inmovilizadas por el pánico, ellas no se arrojaron al mar para ser rescatadas" “…a muchos náufragos los devoraron los tiburones”(5).


Aunque nunca se conocieron las cifras exactas, se cree que las víctimas oscilaron entre 386 y 657. También hubo grandes héroes en medio de la tragedia, como el cabo Santoro y el conscripto Bernardi. Estos argentinos se arrojaron al agua salvando familias enteras, Bernardi de veinte años, pereció entre las mandíbulas de un tiburón. Santoro, falleció exactamente cincuenta años después, un 25 de Octubre de 1977. Italia y los diarios italianos hicieron mutis sobre el espantoso naufragio que tenía como responsable el directorio fascista de la empresa naviera, que una y otra vez hizo oídos sordos a los desperfectos y las quejas del capitán. Mussolini “el último César” al decir de Goebbels, tapó la negligencia con silencio, el mismo silencio que despidió al Principessa Mafalda… che non fece ritorno.


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