viernes, 22 de febrero de 2008

VOCES DE REALIDAD





"Voces de Realidad" fue escrito por Fernando Arias, autor y responsable de Vespertine, excelente y muy cuidado blog.
Este amigo de la Cueva me confió publicar el inédito relato de ficción cuyos derechos le pertenecen, como así también los comentarios. Muchas Gracias Fer.




Cuentan que allá en el siglo primero antes de nuestra era, un hombre
gobernaba todo el mundo conocido. Su profesión era militar. Cuentan
que llegó al poder con métodos discutibles, pero una vez ostentándolo
ya nada se le discutió sin castigo.

De aquel soberano nunca se mencionó su sabiduría, solo su inteligencia
política y su estrategia bélica.

Una de las pocas cosas que pasaron a la historia a este respecto fue
su idea de otorgarle a un esclavo el título de "voz de realidad". Este
pobre infeliz tenía la única tarea de recordarle al emperador su
condición humana. Sabía que sin esta voz el poder y la soberbia lo
enceguecerían y podría llegar a perder la vida en mano de sus tan
numerosos enemigos y competidores.

En las esporádicas audiencias que concedía, primero escuchaba a su
inferior interlocutor, luego a su esclavo que siempre decía las mismas
palabras: "eres un hombre, eres solo un hombre". Luego respondía con
cesárea magnitud según fuera su voluntad.

Así pasaba los días Cayo Julio, siempre escuchaba a su esclavo (el de
turno) antes de abrir la boca.

Apuntes que sobrevivieron a la quema de la Biblioteca de Alejandría
(incendio ordenado por él mismo) indican que, de tanto en tanto, el
Emperador Romano mandaba degollar, envenenar, destripar, ahorcar,
desollar y hasta enterrar vivas a estas "voces de realidad". Pero ni
bien se desquitaba su odio, nombraba a una nueva. Esto ocurría varias
veces por semana si su humor era bueno.

Cerca del año 44ac, el supremo varón quiso contemplar el monumento de
un viejo amigo, devenido en enemigo ya fallecido, Pompeyo. Antes de
partir hacia el lugar, mandó arrancar la lengua a su "voz de
realidad". Apenas concluida la innoble tarea por el verdugo de ronda,
no tuvo mejor idea que asignar la tarea vacante al hijo pequeño del
difunto.

Luego salió con el niño esclavo, su guardia de elite personal -Bruto y
Casio- y algunos soldados más. A medio camino, el soberano, en un
increíble gesto de generosidad, le dirigió la palabra al niño: "no
temas chico, a ti no voy a arrancarte la lengua hoy, solo debes decir
las palabras que te han enseñado".

El pobre infante había enmudecido al presenciar el horror de la muerte
de su padre y por este motivo no pudo pronunciar las palabras ni
siquiera una vez durante el trayecto.

Debió decirle "emperador, es solo un hombre, no vaya solo", pero no
pudo. El pánico le había quitado la palabra.

Llegaron al lugar y solicitó lo dejaran en paz por un momento. Otra
vez el niño calló.

Y allí quedaron solo tres: César, Bruto y Casio.

César se puso de pie frente al monumento y un puñal le fue clavado en
la espalda por su propio guardaespaldas, mientras su segundo le tapaba
la boca.
La voz de la realidad vio todo y nunca más pronunció palabra. El
siguiente emperador ya no tenía necesidad de que se le recuerde su
humanidad. Y su gobierno fue todavía más breve.

Fernando Arias.