miércoles, 26 de noviembre de 2008

LAS CONSPIRADORAS







El viejo Ramsés III, último gran soberano del Imperio Nuevo de Egipto, descubrió antes de morir, las desventajas de tener un harén.

Hacia el 1.153 a.C. el faraón falleció en extrañas circunstancias, y en los meses siguientes, su hijo y heredero, Ramsés IV inició un proceso para juzgar a las mujeres de su padre, por conspiración y asesinato.

Pero ¿Qué había ocasionado semejante rebelión de concubinas? Al parecer, no se trató de falta de virilidad del monarca o algún incumplimiento de sus deberes sexuales. Su inexcusable error habría sido traicionar la confianza femenina.

En el centro del complot estaba la más hermosa de sus esposas secundarias, Tiyi ¡enojadísima! Ramsés, pese a la costumbre, había omitido elegir entre las mujeres del harén a una “gran esposa” cuyo hijo varón sería su sucesor normal. Y en cambio había designado arbitrariamente a uno de sus hijos, el futuro Ramsés IV para sucederlo. Esta verdadera injusticia habría desatado intrigas al por mayor en la institución, donde varias centenas de mujeres se desvivían haciendo méritos ante su amo.

Pero Tiyi, antigua favorita por su belleza, artes amatorias e inteligencia, no estaba dispuesta a olvidar la promesa –seguramente hecha por Ramsés en algún éxtasis amoroso- respecto de nombrarla “gran esposa” e  instalar en el trono al hijo de ambos, Pentauret. Y hábilmente, convenció a sus compañeras y reclutó para su causa, al director del harén, un cierto número de funcionarios de la institución, un copero, un médico, el administrador de los sacerdotes, el comandante de las tropas y a un general. En total, veintiocho hombres y cientos de mujeres organizaron el complot para matar al informal Ramsés. Además habían tomado la elemental precaución de ayudarse con  magia, y gracias a un misterioso libro, elaboraron figurillas de cera sobre las que pronunciaron los correspondientes y dañinos conjuros.

El complot parece que fracasó, aunque curiosamente Ramsés III sí falleció en la fecha prevista por las conspiradoras. Los papiros conservados no dan detalles del asesinato y al parecer la momia del faraón no muestra evidencias de heridas que indiquen violencia.

La decisión de doce jueces, elegidos por Ramsés IV, fue lacónica y sin apelaciones: todas las inculpadas y sus cómplices masculinos (entre ellos Pentauret, el hijo de Tiyi) fueron condenados al suicidio. Extrañamente la hermosa Tiyi, alma del complot, no figura en la lista de los acusados…
Otro sorprendente detalle que consta en los papiros del proceso, es que cinco de los jueces encargados de instruir la causa,  fueron acusados de haber “hecho la fiesta” (sic) con las mujeres del harén durante el juicio, aunque tuvieron su castigo: a uno se le condenó a muerte, a tres se les cortó la nariz y las orejas y el último se salvó con una seria reprimenda.

A la hora de soñar con un harén y hermosas mujeres a disposición, es saludable recordar la experiencia del faraón…y de Tiyi.







Nota: Si bien se conoce por el nombre de harén faraónico, el término más adecuado es Casa Jeneret, o Casa de las bellezas.







Enlaces: Wikipedia
Imagen: Internet

Google