viernes, 25 de septiembre de 2009

Une très belle femme: Cléo de Mérode


Cada época tiene su canon de belleza, y en la Belle Époque, Cléo de Mérode sin competir en un concurso…Oh, la, láaaa! fue erigida como la Mujer más Hermosa del Mundo. También era bailarina.

Su nombre verdadero era Cléopâtre-Diane de Mérode y nació en París, en 1875, el mismo año en que se inauguró la maravillosa y neobarroca Ópera Garnier o Palacio de la Ópera (1)


Los artistas de su tiempo adoraron los enormes y expresivos ojos de Cléo, el cuello de cisne, la larga melena negra, suelta o con ese peculiar peinado que ella puso de moda (y todas las parisinas copiaron). Uno tras otro, Henri de Toulouse-Lautrec, Manuel Benedito Vives, Giovanni Boldini, Carlos Vázquez Úbeda, Edgar Degas, y los fotógrafos Gaspard-Félix Tournachon (Nadar) y Leopold Emile Reutlinger, capturaron ávidamente y cada cual a su modo, la “très belle femme” para la eternidad.


Por supuesto, como toda chica guapa –o muy guapa- tuvo famosos y ardientes admiradores. El célebre pintor austríaco Gustav Klimt se enamoró como un loco de la francesa, también el Marajah de Kapurtala, pero sin dudas la relación con el muy rico, insaciable y sanguinario Leopoldo II – el más feroz de los reyes belgas- la marcó para siempre.

Según cuentan Leopoldo (61) conoció a Cléo (22) en la Ópera de Bordeaux y el maduro hombre se prendó de los encantos de la bailarina y le envió un ramo de rosas rojas. Los rumores no se hicieron esperar y la prensa comenzó a llamar “Cleopoldo” al rey (2)  Otro escandelete y de proporciones, se desató cuando Alexandre Falguière esculpió la célebre “Danseuse”.

Todo París supo que esa figura tan realista y tan… desnuda, era precisamente Cléo de Mérode! Las lenguas viperinas se dieron un festín, y la Mujer más Hermosa dejó entonces la Ciudad Luz, para bailar en Hamburgo, Berlín, San Petersburgo, Budapest y Nueva York, esperando que la sociedad olvidara los chismes.

Y como a los parisinos tout passe, tout laisse, tout se reemplace, Mérode no fue la excepción. A su regreso en 1915 pocos la recordaban y mientras la belleza de Cléo comenzaba a retirarse, también la mujer dejó de aparecer en público.

En sus memorias
“Le Ballet de ma vie”, se acordó de Proust, de los marqueses españoles, los príncipes rusos, el Shah de Persia, el magnate William Randolph Hearst y hasta de Leopoldo! Omitió eso sí, misteriosamente, escribir una palabra del pintor Klimt...


Falleció sola, con signos de demencia y olvidada en 1966. ¿Amó? ¿la amaron realmente? Difícil saber. Quizás como dice Ortega, "la belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora".


"Y le apena a uno que esa instantánea belleza se haya marchitado de manera tan rápida e irrevocable, que haya brillado tan engañosa e ineficazmente ante uno; le apena el que ni siquiera hubiese tiempo bastante para enamorarse de ella..."




(1) Mérode estudió ballet en el Palacio de la Ópera. Años después fue estrella del cabaret Folies Bergère.

(2 )Una versión indica que Cléo fue al palacio del monarca y dijo a todos los que quisieron escucharla que no había relación personal entre ella y el rey, pero nadie le creyó.

Nota: En “Klimt”, película realizada en el 2006, se narra la historia entre el pintor, caracterizado por John Malkovich y Cléo de Mérode (Saffron Burrows).

Enlaces: Wikipedia
Imágenes: Internet




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