sábado, 4 de septiembre de 2010

BONAPARTE Y EL PSICOANÁLISIS






Hacia fines de 1925, el anciano Freud recibía en su estudio de la capital austríaca, una paciente muy recomendada: Marie Bonaparte. La sobrina nieta del gran general corso, peleaba y perdía la batalla contra su enemiga jurada, la frigidez, y el encuentro marcó su existencia.  Años más tarde, esta Mujer saldaría su deuda con el Padre del Psicoanálisis salvándole la vida.






Marie no era otra paciente. Su historia, hasta el famoso encuentro con Sigmund Freud, bien podría ser una novela de la Belle Époque. Descendía de un emperador, era hija del Príncipe Rolando,  biznieta de Luciano Bonaparte, el hermano rebelde de Napoleón, y su madre era la riquísima heredera del casino de Montecarlo, fallecida un mes después de dar a luz.


¿Amor? Era una palabra vaga y lejana en la vida de Marie. De la indiferencia paterna y la tutela despótica de su abuela, pasó a estar casada –a los quince años- con Jorge de Grecia y Dinamarca, hombre emparentado con todas las familias reales, alcohólico, homosexual y amante de su tío (de él). Aunque los cónyuges cumplen y nacen dos hijos del matrimonio, la Princesa María, profundamente infeliz, buscó consuelo en relaciones menos misóginas. Pero sus amantes, sobre todo el fogoso político y ministro francés, Aristide Briand, la encontraban “fría”.


A los cuarenta y cuatro años, la paciente de Freud se convirtió en una de las discípulas más apasionadas del austríaco (1) Había encontrado, por fin, la profesión ideal para ayudarse y ayudar a mujeres con su mismo problema. Con sus holgados recursos económicos sostuvo y promocionó el incipiente psicoanálisis;  fundó una revista; tradujo las obras completas de su maestro; fue miembro fundador de la Sociedad Psicoanalítica de París y ella misma se convirtió en una famosa psicoanalista (2). Entre sus méritos más notables le corresponde el de haber ayudado en 1938, a Freud y su familia (arrestados por la Gestapo) a escapar de Viena y refugiarse en Inglaterra (3).

A pesar de los éxitos profesionales, la princesa siguió triste. Sus sinsabores como mujer, al parecer, no fueron superados. Hacia el final de su vida escribió: “Balance: un pasaporte de reina, el himno nacional…todo a cambio de una vida fracasada”.

Freud por su lado, le envió a su amiga Bonaparte, una cariñosa carta reconociendo el propio Waterloo: “...la gran pregunta que nunca ha tenido respuesta y que hasta ahora no he sido capaz de contestar, a pesar de mis treinta años de investigación del alma femenina, es esta:   ¿qué es lo que desea la mujer?”.







(1)  Bonaparte fue portadora de uno de los anillos que Freud regalaba a los discípulos excelentes, como también fueron su hija Anna Freud y Lou Andreas-Salomé.
(2)  Publicó numerosos opúsculos sobre sexualidad femenina y frigidez y un voluminoso estudio sobre Edgar Allan Poe.
(3)  Marie Bonaparte también salvó la vida de otros 200 intelectuales que rescató de la persecución nazi. No tuvo éxito sin embargo, cuando intentó rescatar a las hermanas de Freud que finalmente murieron en los campos de exterminio.   


Fuentes:
“Marie Bonaparte: A life” Cèlia Berlin
Enlaces en texto: Wikipedia
Imágenes: Internet


Película sugerida: “Princesse Marie” (2004) dirigida por Benoît Jacquot. Intérpretes: Catherine Deneuve, Heinz Bennent. 

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