miércoles, 9 de febrero de 2011

El Oriente Expreso de Lady Montagu


1689-1762

Cuando Mary Wortley Montagu llegó ante la Sublime Puerta, no profesaba ninguna de las supersticiones sobre Oriente de su civilizado siglo XVIII inglés. Quizás por esa razón, uno de los escenarios más exóticos y cautivantes del mundo le abrió sus misterios. Autodidacta, transgresora, escritora y pionera científica, esta Mujer fue la primera en llevar a Inglaterra la vacuna contra la viruela, el antiguo método de inoculación utilizado por los doctores árabes del Siglo VI. Pero la oposición de la Iglesia y la desconfianza de la clase médica, retrasaron noventa años el método en occidente y la gloria fue para el médico E. Jenner por el “descubrimiento” oficial en 1796. Lady Montagu también fue la primera mujer occidental que penetró un harén otomano. Trató el tema del velo sin una pizca de desprecio o condescendencia y afirmó sin tapujos que las damas turcas eran, en muchos aspectos, más libres que las europeas de su tiempo.



Como Jane Digby o la Hija del Desierto Gertrude Bell, Lady Montagu se dejó fascinar por el Oriente, una tierra que aún representa para muchos, el patriarcado más despiadado.

La hija del duque de Kingston se educó a sí misma en la biblioteca paterna. A los 14 años dominaba el latín y el francés y escribió su primer cuaderno de poemas. Luego fastidió a su ilustre progenitor casándose a escondidas y en contra de la voluntad paterna con Edgard Montagu. Fue amiga dilecta de Mary Astell, primera feminista de Inglaterra, del satírico Swift y de Addison. Rechazó el poético amor de Alexander Pope, divirtió y escandalizó a la corte de Jorge I con sus mordaces opiniones, hasta que en 1716 el nombramiento de su marido como embajador en Constantinopla le cambió la vida para siempre.


Gracias a su epistolario “Turkish Embassy Letters”,  –elogiado más tarde por Voltaire- sabemos que Lady Montagu usaba ropas masculinas para poder entrar en la mezquita de Santa Sofía, aprendió árabe, apreció la poesía en esta lengua y visitó varias veces el harén del sultán y las casas de mujeres turcas por las cuales  demostraba un gran respeto y aprecio (1). El hammam desde luego, la deslumbró. Los tocadores con espejos y flores, el salón circular, los perfumes y ungüentos, los masajes de la cabeza a los pies; las salas de mármol con surtidores de agua, el vapor, la piscina fresca de la sala de reposo con plantas y sofás. Y la charla por horas con otras mujeres, donde las confidencias se saboreaban libando sorbetes de violetas o rosas. Cuerpos y espíritus ligeros, libres de prejuicios;  Mujeres felizmente cómplices y atentas a su cuerpo y bienestar en un ambiente de refinada sensualidad.

 “El Baño Turco” - Ingres
“La dama que parecía de más alcurnia de todas ellas me suplicó que me sentara a su lado y de buen grado me hubiera desnudado ella misma para el baño. Me excusé con cierta dificultad pero tanto empeño pusieron en disuadirme que al final me vi obligada a desabrocharme la camisa y mostrarles las ballenas, algo que las satisfizo mucho, pues me percaté de que creyeron que me encontraba encerrada de tal modo en aquella máquina que no estaba en mi poder abrirla, y atribuyeron la idea de tal artilugio a mi marido”.

Mary pensaba que el asmack o velo, daba la ventaja a las mujeres turcas de ir por la calle de incógnito y acudir a las citas con los amantes... sin ser reconocidas por sus maridos.


“Es muy fácil ver que en realidad tienen más libertad que nosotras. Ninguna mujer, sea cual sea su rango, se permite salir a la calle sin dos murlins, uno que cubre toda su cara excepto los ojos y otro que oculta toda su cabeza y cuelga a media altura a sus espaldas” “Esta permanente mascarada les da completa libertad para seguir sus inclinaciones sin peligro de ser descubiertas. El método más usual de intriga amorosa es enviar una cita al amante para encontrarse con la señora en la tienda de un judío, que son tan notoriamente convenientes como nuestras casas indias” “Puedes imaginar fácilmente el número tan pequeño de esposas fieles en un país en donde no tienen nada que temer de la indiscreción de un amante…”



También disfrutó de la amistad de respetados effendi sabios locales que practicaban una relajada forma de deísmo y según Montagu no tenían más fe en las enseñanzas de Mahoma, que los europeos en la infalibilidad del Papa

Su observación de cómo las circasianas se pinchaban con agujas impregnadas en pus de viruela de las vacas, y no contraían nunca la enfermedad, la llevó a inocularse ella misma y sus hijos, y de regreso a Inglaterra divulgó los procedimientos y fue uno de los mayores aportes a la inoculación en Occidente (2)



“Fue todo de lo más interesante” dijo antes de morir la mujer perspicaz y carente de prejuicios que se permitió conocer y expresar en su exquisita correspondencia, las dos caras del mundo otomano.



  






(1)  Las cartas de Lady Montagu tuvieron gran influencia sobre pintores orientalistas como Ingres (quien nunca viajó a Oriente ni pisó un harén) y se inspiró en esas letras para su cuadro más famoso: “El Baño Turco”

(2)  Fuente Wikipedia (Viruela)





Fuentes:

. Lady Mary Wortley Montagu Her Life And Letters. Lewis Melville

. The Montague Millenium.  
. Las Cartas de Lady Montagu (inglés)

. Poemas de Lady Montagu (inglés) 

. Artículo recomendado:  “La civilización y Lady Mary” por Fernando Savater, Profesor de Filosofía en la Universidad Complutense. 2001 


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