lunes, 29 de agosto de 2011

La indignada: Nancy Cunard


Nancy Cunard (1896-1965) by Man Ray

Ser una de las musas más célebres del siglo 20, el ícono fotográfico de Man Ray o la heredera de una eminente familia de Inglaterra, no le hicieron cosquillas. Nancy Cunard abandonó el tibio lugar de señorita de sociedad para emprender una cruzada personal contra el racismo y los prejuicios sociales. Mandó al demonio su noble cepa y se enlistó en la causa de la liberación de la raza negra oprimida por los blancos; combatió a los fascistas, denunció la brutalidad de Franco y ayudó a la demanda de sus víctimas. Fue escritora maldita, musa, editora, justiciera, bohemia, librepensadora, idealista y una indignada con todas las letras.



Nancy Cunard inspiró personajes a Hemingway (1) Aldous Huxley (2) Michael Arlen (3) y Louis Aragon (4) entre muchos; fue citada por su nombre y admirada por T.S. Eliot (5) Pablo Neruda (6) y Ezra Pound (7) embrujó a los surrealistas de Breton y un sinnúmero de otros artistas. ¿Qué tenía? ¿Qué veían en ella? ¿Eran esos lánguidos ojos glaucos, la belleza sofisticada? ¿El “coraje y entusiasmo” que le elogió Samuel Beckett? Difícil saber, aunque según sus biógrafos ella se negó a ser definida por ese glamour que le venía de fábrica.


Hija única de un barón inglés y heredera de la Cunard Line, el famoso imperio de trasatlánticos, creció en un castillo entre “valores morales ambiguos” y los escarceos extramatrimoniales de sus progenitores. Muy prontito comenzó a despreciar todo lo que su padre y clase representaban. Su debut en sociedad fue en 1914, fecha que coincidió con el inicio de la Gran Guerra y sin pensarlo dos veces, desafió a la familia y se unió a los artistas que encabezaban la “revolución literaria” en Inglaterra. “Ese movimiento cambió mi vida” dijo años después Cunard mientras se entregaba a la “sagrada misión del arte para cambiar la historia”.
En 1917 se casó impulsivamente con el capitán herido Sidney Fairbain, pero el matrimonio apenas duró veinte meses. Hacia 1920 se estableció en París. Allí no sólo encontró a Hemingway (con quien jugaba tenis a menudo) también se relacionó fuertemente con los dadaístas y los surrealistas; y mientras escribía poesía, convertía en sus amantes a Ezra Pound, Tristán Tzara, Louis Aragon y Wyndham Lewis entre otros. En 1928, su entusiasmo la llevó a fundar una pequeña editorial donde publicó libros de Aragon y sobre todo, escritores desconocidos como Samuel Beckett. Fue por entonces cuando Nancy Cunard se enamoró como una loca.
El hombre que conquistó el corazón de la rebelde y hermosa mujer fue Henry Crowder, un pianista de jazz afroamericano que la introdujo a la compleja y dolorosa situación de los negros en Estados Unidos. Fue un punto de inflexión, sus ojos se habían abierto a la injusticia racial y ella no los cerraría jamás, había encontrado uno de los propósitos que definiría el resto de su vida. En 1934 editó y publicó Negro, una extensa antología donde ciento cincuenta relevantes escritores trataban distintos aspectos de la africanidad y denunciaban la “opresión” de los entonces 14 millones de negros en Estados Unidos.



A pesar de la excelente calidad literaria y contenido, la prensa saludó la publicación con indiferencia y condescendencia.
Dime quien te critica y te diré quién eres, Nancy. Los medios de comunicación en Estados Unidos y Gran Bretaña la “acusaron” de “negrófila” y un aluvión de amenazas anónimas, cartas con odio e imprecaciones, muchas escritas por su propia madre, le instaban a abandonar a su negro amante y su causa contra el racismo, o atenerse a las consecuencias. Cunard levantó los hombros y continuó su cruzada, su familia la desheredó.

A mediados de 1930 puso su mira en el fascismo. Por ese entonces escribía para el Manchester Guardian, The Associated Negro Press, Crisis y otras publicaciones sobre Mussolini, el golpe de estado en Etiopía y Franco en España. En agosto de 1936 fue precisamente a España para cubrir la Guerra Civil, allí conoció a Pablo Neruda con quien coeditó la antología “Los Poetas del Mundo defienden al pueblo español”. Nancy no entendía, se exasperaba  ante la indiferente comunidad internacional. Toda la información que consiguió la utilizó para denunciar la brutalidad de Franco y recaudar fondos para ayudar a los refugiados. Se cuenta que estuvo en los campos de concentración, en campamentos adonde llegaba caminando muchos km y en una especie de refugio donde se “preparaban comidas calientes” para unas 4000 personas. Cuando la República fue derrotada viajó a Chile del brazo del autor de España en el corazón y cuando estalló la II Guerra Mundial regresó a Londres para colaborar en las emisiones de radio Francia Libre.
Siguió escribiendo para distintas revistas y aunque publicó Poems for France (1944) la sociedad literaria británica la declaró persona non grata. Pasó sus últimos años pobre como laucha, embotada en alcohol, casi sin comer y despotricando contra los fanáticos de este mundo. Borrachera tras borrachera, en 1960 la declararon demente y fue encerrada en un hospital mental. Después de su liberación y en 1965, justo después de su cumpleaños 69, fue encontrada inconsciente en la calle, falleció dos días después. “Su cuerpo se había desgastado en una larga batalla contra la injusticia en el mundo. No recibió más recompensa que una vida cada vez más solitaria y una muerte desamparada” dijo Neruda…aunque tal vez el epitafio más adecuado para Nancy Cunard lo escribió ella misma: “Todo lo que me quedó en la vida es esta sensación de furiosa indignación”.





(1) Fiesta
(2) Danza de Sátiros, Contrapunto
(3) El Sombrero Verde
(4) Blanche o el olvido; El coño de Irene
(5) La Tierra baldía
(6) Mis Memorias, Vals
(7) Cantos













Fuentes:
Gordon, Lois G. Nancy Cunard: heiress, muse, political idealist. Columbia University Press, 2007
Neruda, Pablo. Confieso que he vivido. Página 173. Pehuén Editores Limitada, 1978
Usandizaga, Aránzazu. Escritoras al frente: intelectuales extranjeras en la Guerra Civil – Página 121 - Editorial NEREA, 2008
Wikipedia, enlaces en texto.
Imágenes: Internet Google