lunes, 8 de agosto de 2011

La reina barbuda


La semiótica es, en principio, la disciplina que estudia todo lo que puede usarse para mentir.
Umberto Eco

Desde 1479 a.C. hasta 1457 a.C. Egipto fue gobernado por Hatshepsut, la reina-faraón que más tiempo se mantuvo en el trono de las Dos Tierras. Monarca consciente de la tremenda importancia de códigos y símbolos, para lograr gobernar no vaciló a la hora de vestir trajes de varón y lucir la típica barba postiza que significaba fuerza y omnipotencia. Pero quien se declaró hija del propio dios Amón, pagó su osadía. Falleció en misteriosas circunstancias y Tutmosis III ordenó borrar todas las huellas de Hatshepsut Jenemetamón sobre la tierra. A veces mujer, a veces hombre, con esa deliciosa dualidad que veneraba el pueblo egipcio, la reina barbuda confundió por siglos a los historiadores.





La hija de Tutmosis I quería reinar, pero su condición de mujer y las intrigas palaciegas del chaty y poderoso arquitecto real Ineni, le habían dejado fuera de juego. Con el orgullo herido, primero vio coronar a un hermanastro en su lugar y luego soportó que la casaran con el flamante Tutmosis II, a quien por si fuera poco, le dio una niña como única heredera.
Al morir Tutmosis II sin descendencia masculina, el trono de Egipto pasó a un niño, hijo del faraón y una concubina y ella fue nombrada regente hasta que el pequeño tuviese edad suficiente para gobernar.Lejos de resignarse a un papel menor en la historia, Hatshepsut había planeado cuidadosamente una estrategia que revolucionaría la sociedad egipcia. En lugar de ser víctima de la política, esta vez decidió tomar el control: desplazó al joven heredero, pospuso indefinidamente el casamiento de éste con su hija, elevó fieles amigos a los más altos cargos y la mejor jugada: llenó las arcas del clero del dios Amón en Tebas con generosas donaciones y privilegios. Así fue, que llegado el momento, la hija, esposa y nieta de faraones, siempre en las sombras del poder, se autoproclamó faraón y con el beneplácito y la bendición de los sacerdotes, declaró que su verdadero padre era el dios Amón.





Fuentes:

. Caldecott, Moyra. Hatshepsut: Daughter of Amun
Mushroom Publishing, 2004.
. Wikipedia, enlaces en texto.
. Imágenes, Internet
Por el poder divino, por su derecho de sangre pura, la doble corona de Egipto le pertenecía a una mujer. Fue un golpe maestro. Hatshepsut asumió todos los atributos masculinos de su cargo (menos el de “Toro poderoso”) y comenzó a usar la barba de sus predecesores con toda comodidad. El ardid de la teogamia fue un éxito y los egipcios celebraron con alegría la llegada de su reina barbuda.
Hatshepsut tuvo un reinado tranquilo y próspero sin grandes campañas militares y con gran auge del comercio. No quiso involucrarse con la agitación política del Medio Oriente (asirios, babilonios, hititas) y se dedicó a embellecer su país con grandes monumentos, dos obeliscos gigantes y el gran templo que su amante, el genial ministro y arquitecto Senenmut construyó para ella, una de las joyas del Antiguo Egipto.


El final de Hatshepsut fue rápido y misterioso. Algunos creen que murió de causas naturales, otros que fue Tutmosis III quien la asesinó.

En cualquier caso, el nuevo faraón a pesar de sus esfuerzos, no logró borrar de la historia a esa Mujer...era tan difícil como tapar a Amon-Ra, con la mano. 













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