lunes, 3 de octubre de 2011

La pantera: Jennie Churchill



En los bestiarios medievales, la palabra pantera indica un animal asaz diferente del «mamífero carnicero» de la zoología contemporánea. Aristóteles había mencionado que su olor atrae a los demás animales; Eliano —autor latino apodado Lengua de Miel por su cabal dominio del griego— declaró que ese olor también era agradable a los hombres.
La Pantera. El Libro de los Seres Imaginarios. Borges
“…tiene más de pantera que de mujerexclamó admirado el diplomático Lord D'Abernon ante Jennie Churchill, y no se equivocó. Tres maridos; doscientos amantes, incluidos el Rey Eduardo VII de Inglaterra, el rey Milan I de Servia y el príncipe alemán Karl Kinsky, escucharon himplar a esta pantera. Suave, elegante y hermosa, con un fuego cautivador en los ojos y la sensualidad tatuada en la piel. Jennie hizo honores a su epíteto, pero no sólo fue una fiera para los hombres que la admiraron. También fue madre de otro interesante animal, político: el “bulldog británicoWinston Churchill. Como la mítica pantera protectora de los guerreros, Jennie fue la sombra, el poder detrás del hijo y su apoyo, ayuda e influencias fueron decisivas en la ascendente carrera política de uno de los más grandes líderes en tiempos de guerra.




La que fue considerada por mucho tiempo, una de las mujeres más hermosas de la época, nació un frío 9 de enero de 1854 en Brooklyn, Nueva York, con el nombre de Jeanette Jerome. Su padre, el futuro abuelito de Winston, Leonard Jerome, era un corredor de bolsa, “trader” conocido como El Rey de Wall Street, extravagante individuo que hizo y perdió inmensas fortunas.
La montaña rusa en la vida de esta mujer, heredera del indomable espíritu paterno, habría comenzado cuando conoció al muy noble Lord Randolph Churchill, segundo hijo del séptimo duque de Marlborough, a bordo de un barco en el puerto de Cowes. Después de un largo romance de tres días, la guapa estadounidense se casó en 1874 con su honorable novio y entró en la aristocracia británica como Lady Churchill. El matrimonio tuvo dos varones: Winston, probablemente concebido antes del casamiento y John, con una dudosa participación de Lord Randolph.
Al parecer, nadie en la sociedad de esos tiempos esperaba fidelidad en el matrimonio, y desde luego, tampoco Lord Churchill, quien por un lado, se había beneficiado con los contactos sociales y el apoyo económico de la esposa para su carrera política, y por el otro, apenas a un año de su casamiento, se le había diagnosticado sífilis.
Como era costumbre en la época, Lady Churchill tuvo escasa presencia en los primeros años de sus hijos y dejó los cachorros en manos de niñeras. Más tarde Winston, que adoraba a su madre, supo escribir cartas muy tristes rogando que le visitara en el colegio, cosa que la mujer hizo muy rara vez. Esa ausencia, sería compensada años más tarde, cuando madre e hijo se hicieron grandes amigos y fuertes aliados, en la lucha por el poder.
La Pantera era una brava, también fuera de la alcoba, y muy respetada e influyente en los más altos círculos sociales y políticos de Gran Bretaña.



Hasta la reina Alexandra estimaba su amistad y era profunda admiradora de Jennie… a pesar de saber del apasionado romance entre ella y su marido.
En otros aspectos sin embargo, Lady Churchill supo ser leal a su Lord. Sobrellevó la sífilis del hombre, se fue de viaje con él para ocultar el deterioro físico ante la sociedad y lo acompañó –a su manera- hasta que murió en 1895. En 1900 la alegre viuda se casó con George Cornwallis-West, un capitán de la misma edad (o algo menos) que su hijo Winston. Sin embargo en aquellos tiempos, ya su rol de madre se imponía a la mujer. Se dice que incluso interrumpió la luna de miel para ayudar en la campaña electoral de su hijo en Oldham.
En 1918, Jennie anotó un try que la llevaría a las primeras páginas de los diarios: se casó con el tercer marido, un miembro del Servicio Civil Británico, con el inverosímil nombre Montague Phippen Porch, ella tenía 64 años, él 44. El epistolario familiar registra que la dama estaba “óptima” para el amor y después de tres días el individuo lucía físicamente agotado mientras la feliz esposa declaraba “Él tiene un gran futuro, yo tengo un gran pasado, todo está muy bien”.
Energía sexual, optimismo y alegría de vivir. Jennie Churchill se ocupó de allanar el camino para su hijo, “le enseñó cuán lejos podía llegar y fortaleció su liderazgo” según palabras de Winston; hizo todo para que llegara al poder; fundó una revista literaria; financió y equipó un buque hospital para los heridos en la guerra Boer; escribió un libro de memorias y otras varias obras literarias; construyó un parque temático isabelino en el centro de Londres con una réplica de tamaño completo de la nave de Drake y conservó la coquetería hasta el final. En 1921, unos zapatos italianos de taco alto, muy poco recomendables para las garras de una pantera, le provocaron una dramática caída de escaleras y luego de algunas complicaciones, falleció. Tenía 67 años y su olor, todavía era agradable a los hombres.




Nota para el Bar: Jennie Churchill inventó el trago-cóctel “Manhattan”


Fuentes:
Sebba, Anne. American Jennie: the remarkable life of Lady Randolph Churchill. Editorial W.W. Norton, 2007.
Blake, Robert Louis, William Roger. Churchill. Editor: Oxford University Press, 1996.
Wikipedia inglés y español (enlaces en texto)
Imágenes: internet Google