lunes, 21 de noviembre de 2011

La moderna Peggy Guggenheim


Peggy Guggenheim (1898-1979)

La vida de esta mujer, una de las grandes mecenas y coleccionistas de arte del siglo XX fue, como un cuadro de su protegido Jackson Pollock, con “explosiones de energía” y “laberintos seductores, llenos de fuegos artificiales, trampas, sorpresas y delicias” (1)


Nació un poco menos rica que sus parientes, perdió a su padre en el Titanic y alguna vez se casó con Marx Ernst. Aprendió a diferenciar entre surrealismo, cubismo y el arte abstracto junto al inefable Marcel Duchamp. Su nombre aparece con frecuencia al lado de escritores de vanguardia y artistas como Man Ray, Natalie Barney, Djuna Barnes, Pollock (a quien descubrió) Kandinsky, Jean Cocteau, Yves Tanguy o el Nobel Samuel Beckett con quien tuvo un apasionado y loco romance. Polémica y carismática, Peggy fue todo, menos sencilla. En los años sesenta y con más de sesenta agostos, era natural verla pasear en su góndola por Venecia, con enormes y estrafalarias gafas de sol, vestidos de brillante estampado, labios siempre pintados de rojo profundo y conversando amablemente con sus perritos peludos.




“Adoro flotar, a tal punto, que no puedo pensar en algo más agradable desde que dejé el sexo, o el sexo me dejó a mí” dijo la coleccionista de obras y amantes.


En el Gran Canal, muy cerca de la Basílica di Santa María della Salute, estaba su hogar: el Palazzo Venier dei Leoni, actualmente una meca para los adoradores del arte moderno con más de 300 objetos de su colección permanente y uno de los museos más importantes de Italia. En un rincón del jardín, habitan las cenizas de esa excéntrica mujer, tan difícil de definir como la palabra Arte que signó su vida.



Uno de los momentos más conmovedores en la vida de Peggy Guggenheim ocurrió en 1912, mientras esperaba junto a la madre el Carpathia, barco que traía los pasajeros rescatados del Titanic. Su padre adorado no estaba entre los sobrevivientes, había desaparecido en las heladas aguas del Atlántico.
Marguerite (Peggy) nació en Nueva York en 1898. Los Guggenheim eran de origen suizo-alemán-judío, habían emigrado desde Europa y llevaban dos generaciones haciendo fortuna en los Estados Unidos. Según recordó Peggy en sus memorias, los integrantes de su familia eran muy atípicos. El tío de dientes negros que masticaba carbón y tenía ropa con bolsillos especiales para guardarlo, se suicidó; su excéntrica madre, entre otras raras costumbres, repetía tres veces todo lo que decía; el fallecido padre, hombre por demás guapo, sustentaba amantes de una punta a la otra del globo terráqueo.
Ella no heredó la belleza paterna, pero en cambio, a los 21 años recibió una discreta fortuna, insignificante al lado de la que tenían sus primos, aunque suficiente para comprar libertad y en el tiempo, algo más. En un viaje a Europa conoció a Laurence Vail, el primer marido y padre de sus dos hijos, Simbad y Pegeen. Pronto se encontró sumergida en la bohemia parisina de los años veinte y se volvió amiga de los estadounidenses expatriados y los artistas y escritores que vivían en el barrio de Montparnasse. Compartió veladas con Tristán Tzara y los dadaístas; Man Ray le tomó esas famosas fotos con vestido largo; 
Isadora Duncan le confió sus secretos y pesares; Hemingway, Pound, Gide, Natalie Barney y desde luego, Duchamp fueron ubicuos en sus reuniones sociales. La vida no podía ser más encantadora para Peggy, salvo por los violentos episodios con el marido, hombre violento que la golpeó una y otra vez hasta que finalmente se animó a abandonarlo y partió a Inglaterra.
Por entonces, la estadounidense se había convertido en una adicta al arte y en Londres, siguiendo los consejos de sus amigos, sobre todo de Duchamp, abrió una galería de arte moderno, era 1938. En la apertura se presentaron las obras de Jean Cocteau, y luego, la primera exposición individual de Wassily Kandinsky en Inglaterra. Más o menos por ese tiempo Peggy mantuvo un chispeante romance con el irlandés Samuel Beckett, a quien llamaba Oblómov (2) “Sus idas y vueltas eran totalmente impredecibles, era un hombre emocionante” escribió la mujer en su autobiografía. “Aparecía en medio de la noche con dos botellas de champagne y no me dejaba salir de la cama durante dos días”.




La galería de Cork Street mostraba algo diferente al Reino Unido, donde apenas se conocía el arte surrealista y abstracto. Las personas reaccionaban con desconcierto y pocos compraban. Para consolar a sus artistas y aumentar las ventas, Peggy comenzó a adquirir en secreto sus obras y así fue como comenzó la colección, según sus palabras. Para 1939 y ante la inminencia de la guerra, cerró la galería y comenzó a planear un museo de arte moderno en París. La WWII había estallado, pero ella no corrió a refugiarse en Nueva York y decidió que era un excelente momento para invertir en arte. Compró 10 obras de Picasso, 40 Ernsts, 8 Mirós, 4 Magrittes, 3 Man Rays, 3 Dalis, un Klee y un Chagall, entre otros. Con los alemanes cerca de París, huyó al sur de Francia y ayudó a varios artistas a salir del país, incluyendo su amante y futuro marido, el surrealista Max Ernst que había escapado de un campo de concentración. En 1941 y con su colección intacta llegó a Nueva York y abrió la galería Art of This Century en Manhattan. Su tierra natal había cambiado y el arte estadounidense estaba floreciendo e iba hacia arriba junto a los nuevos rascacielos. Allí conoció a Jackson Pollock “su descubrimiento y el logro más honorable” según ella. Sin embargo y a pesar de convertirse en su mecenas, los problemas de alcohol del pintor, sus escándalos y memorables borracheras los alejaron y la relación se habría terminado cuando Pollock orinó en la chimenea de su benefactora y apagó el fuego de la gratitud.
En 1943 Max Ernst y Peggy se separaron y ella volvió a Europa para quedarse en su ciudad favorita, Venecia, donde permanecería por el resto de su vida. En el palacio de piedra blanca Venier dei Leoni, vivió con sus criados , once perros y compró una góndola para flotar a gusto y pasear por la ciudad. Hacia 1951 abrió las puertas de su palacio al público tres tardes por semana y los visitantes se amucharon para ver la magnífica colección de obras de arte (que incluso estaba en los cuartos de baños) y si la suerte lo permitía, también dar un vistazo a la no menos interesante y legendaria anfitriona.
Peggy siguió acogiendo obras y amantes con regularidad y recibiendo entretenidos personajes como Yoko Ono y Truman Capote. Se permitió caprichitos como una relación de tres años con un mecánico 23 años menor que ella. “Locura hermosa” le llamó a uno de sus últimos amantes. La tragedia también estuvo presente, su hija Pegeen artista adicta al valium y otras drogas murió en misteriosas circunstancias en París.
En 1962, Venecia honró a Peggy como ciudadana de honor y le dio hospitalidad hasta el 23 de diciembre de 1979, cuando un derrame cerebral puso la pincelada final en la vida de esta mujer. Poco antes había declarado ser feliz con su pasado, quizás era una obra de arte que pocos entenderían, pero ella la había disfrutado intensamente.





1) MoMA - Jackson Pollock.
2) En relación al célebre Oblómov, protagonista de la novela del ruso Iván Goncharov.





. Dearborn, Mary V. Mistress of modernism: the life of Peggy Guggenheim. Houghton Mifflin Harcourt, 2004
. Gill, Anton. Peggy Guggenheim: confesiones de una adicta al arte. Plaza & Janés, 2002
. Wikipedia (español e inglés) enlaces en texto.
. Imágenes: Internet


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