sábado, 7 de julio de 2012

Las Impostoras. (Parte II) Mary Baker


Mary Baker 
(1791-1864)



"...mentime, que me gusta."




A Mary Baker le tocó nacer en la más estricta pobreza dickensiana, lacra inclemente que azotaba Inglaterra y convertía a sus víctimas en seres resignados y sin esperanza. A los ocho años ya trabajaba duramente en las granjas cercanas a su humilde hogar para sobrevivir; antes de los doce y al modo del Gavroche de Los Miserables, abandonó la aldea natal y se aventuró por los caminos. 
El infortunio la persiguió por varios años. A veces mendigando y en ocasiones como criada, Mary fue de pueblo en pueblo. Ella misma contó, años más tarde que, en el colmo de la desesperación, alguna vez intentó ahorcarse con el delantal para poner fin a su miserable vida, pero no tuvo éxito. La suerte comenzó a cambiar para la gamine cuando conoció a un clérigo presbiteriano y éste le consiguió trabajo en la casa de una familia judía. Mientras lavaba trastos y cuidaba niños, Mary aprendió a leer y escribir y en poco tiempo, dominó por completo el alfabeto hebreo, algo que le sería muy útil en su futuro de princesa...Todo fue bien por algunos años, pero los empleadores comenzaron a resistir la “extraña y exótica” personalidad de su criada y la joven por su lado, a extrañar su antigua vida de trotamundos. Finalmente dejó el trabajo y volvió a los caminos. Aquí y allá se enredó en algunos romances pasajeros, sirvió como empleada doméstica, vendedora de pescado e incluso volvió a la mendicidad. 

Paupertas impulit audax (“La pobreza que a todo se atreve, me impulsó”) Horacio 

Un 3 de abril de 1817 Mary apareció en el pueblo de Almondsbury, cerca de Bristol luciendo un extraño turbante negro, un vestido, también negro, con alto cuello de muselina y hablando un lenguaje incomprensible. ¿Quién es? Se preguntaban los pobladores entre fascinados y cautelosos y como no entendían una palabra de lo que Mary decía, decidieron llevarla a la casa de Sr. Worrall, juez del condado. Los sirvientes y sobre todo, la Sra. Worrall, veían encantados los extraños gestos de la huésped, quien rechazó la cena y no bebió su té hasta después de repetir una extraña oración con una mano sobre los ojos... Acto seguido, cuando le ofrecieron una cama para descansar, dio a entender que ella sólo dormía en el piso. Todos los intentos por comunicarse con la mujer fueron infructuosos, incluso un siervo griego consultado, tampoco logró entenderla.

Un escrito en ¿Javasu? de Mary Baker

Pocos días después, un marino portugués, llamado Manuel Eynesso llegó a la localidad y reclamó entender el críptico lenguaje. Habló largamente a solas con Mary y por él, todos supieron que esa bella y extraña mujer era la Princesa Caraboo y venía de una tal isla Javasu. Dijo que esta dama había sido secuestrada de su país de origen por unos malvados piratas, que pretendían venderla como esclava... Eynesso conmovió a todos con los detalles del terrible viaje y la actitud de la princesa, que aún encadenada, se arrojó por la borda en el Canal de Bristol y nadó con sus últimas fuerzas hasta la orilla.


Esta última imagen romántica, tuvo la fuerza de un conjuro sobre el auditorio. Inmediatamente los Worrall informaron a la aristocracia local y vecina, que alojaban en su casa a la Princesa de Caraboo “con su extraño idioma y costumbres excéntricas”. Los invitados se deleitaban escuchando que la mujer, tiradora experta, había construido con sus propias manos un arco y flechas con gran habilidad; que bailaba desnuda en el lago cuando estaba sola; los detalles coreográficos de sus bailes exóticos y sobre "Alá Tallah", un ser supremo que habitaba las copas de los árboles y al que la princesa oraba todos los días. Tan lejos llegó su fama, que comenzaron a llegar intelectuales románticos de toda Gran Bretaña, desesperados por conocer más sobre la misteriosa princesa, que no pocos situaban cerca de China (nadie tenía la más remotísima idea de dónde quedaba la isla Javasu) Mientras el “aura” de Mary crecía en misterios, más y más visitantes llegaban al poblado para conocerla. Los periódicos estaban repletos de artículos que reproducían –cada cual con sus propios condimentos- descripciones sobre la Princesa. Dos meses después de su espectacular llegada, Mary era una figura nacional, pero esta desmedida fama, sería su perdición. A mediados de junio, la dueña de una casa de huéspedes de Bristol, encontró la ilustración de la princesa en un diario y la reconoció inmediatamente. La supuesta princesa había sido niñera de sus hijas y las había entretenido con historias narradas en distintos lenguajes inventados. Cuando la Sra. Warroll se enteró, no hubo sales para contener sus desmayos, mucho más cuando la prensa convirtió a su huésped en una heroína de la clase obrera, asegurando que había engañado y expuesto la vanidad de toda la alta sociedad británica. Por segunda vez, en dos meses, Mary Baker se convertía en un ícono, aunque por razones muy distintas. En momentos en que la clase trabajadora inglesa estaba indignada con su Rey Loco y el orden aristocrático comenzaba a desmoronarse (muchos simpatizaban con las ideas de Napoleón) surgía esta humilde muchacha ridiculizando a los nobles,  y románticos radicales como Shelley y Byron no tardaron en enarbolar la historia de Mary, como bandera. ¿Cómo logró una campesina inculta engañar a tantas personas, incluso brillantes académicos? En parte, desde luego, con la colaboración del marino Eynesso. Si para un noble no hay nada mejor que otro noble, para un impostor, nada mejor que otro impostor. Sobre todo uno oportunísimo. ¿Cómo se resolvió el entuerto? ¡Muy simple! En el otro lado del mundo estaban esas colonias rebeldes que el desquiciado Jorge III supo perder y los Warrell (antes que se los tragara la tierra y la vergüenza) enviaron a su princesa a los Estados Unidos. María se embarcó a Filadelfia el domingo 28 de junio de 1817 con tres damas de compañía. Cuando llegó a América fue recibida por una multitud entusiasta que coreaba ¡Princesa Caraboo! A partir de esos momentos, es poca la información sobre sus movimientos. Parece haber vuelto a Inglaterra en 1824 y haber sido “exhibida” en Londres, Bristol y Bath. Luego siguió viajando por Francia y España e incluso dicen que se casó y tuvo una hija en 1829. La impostora Mary Baker falleció tranquilamente en la Nochebuena de 1864, a los 75 años de un probable ataque al corazón. Fue enterrada en el cementerio de Hebrón Road, Bedminster, Bristol, y se encuentra, todavía, en una tumba anónima…o no. 

:)





Fuentes:
. Gutch, John Mathew. Caraboo: a narrative of a singular imposition practised upon the benevolence of a lady residing in the vicinity of the city of Bristol, by a young woman of the name of Mary Willcocks, alias Baker, alias Bakerstendht, alias Caraboo, princess of Javasu ;.Printed by J.M. Gutch, Bristol, and published by Baldwin, Cradock and Joy, London, 1817. Biblioteca Pública de Nueva York. 14 Jun 2007
 . Fanthorpe, Patricia. Fanthorpe, Lionel. The World's Greatest Unsolved Mysteries. Dundurn Press Ltd., 1997. Pàg. 96 . 
. Keevak, Michael. The Pretended Asian: George Psalmanazar's Eighteenth-Century Formosan Hoax. Wayne State University Press, 2004. Pàg. 56 . 
. Wikipedia (español e inglés) enlaces en texto.
. Imágenes: internet

Nota: "gamine", vocablo francés: una niña, a menudo sin hogar que deambula por las calles.  Google