miércoles, 23 de octubre de 2013

Belle Gunness, asesina serial


La Porte, Indiana, 28 de abril de 1908. El incendio era imposible de sofocar y la intensa humareda impedía el rescate de las víctimas. En apenas unos minutos, la casa habitada por Belle Gunness y sus tres hijos se derrumbaba entre inmensas llamaradas. Muy cerca y atalayada en una colina de frondosos arces, una mujer inmóvil y con rostro inexpresivo espiaba la dantesca escena. Sólo cuando el fuego doblegó la última pared, llevó instintivamente la mano a su cabeza, acomodó el cabello y tocó con la punta de los dedos el hueco entre los dientes. Luego, su figura corpulenta y elegante se perdió en el oscuro amanecer, dando comienzo a la leyenda de Belle Gunness, la implacable asesina serial


Brynhild Paulsdatter Størseth hacía honor a sus antepasadas vikingas. Era una rubia grandota (1,83m) y pesaba cerca de noventa kilos cuando dejó su Noruega natal para emigrar a los Estados Unidos. En 1881 llegó a Chicago, consiguió trabajo como empleada doméstica e inmediatamente cambió su nombre por Belle, más acorde con el país, su nuevo comienzo y expectativas de vida. Hacia 1884 se casó con un fornido sueco llamado Mads Sorenson y a la pareja se sumaron tres hijos del hombre más una niña adoptada. ¿La familia ideal, grande y feliz? Quizás sólo en apariencia. Sorenson no era bueno para los negocios y Belle era mala para ser pobre. Había enterrado la miseria bien lejos –en su Innbygda natal- y por nada del mundo volvería a pasar necesidades, de modo que se arremangó y puso manos a la obra. 


Su primera estafa salió bien: la tienda de golosinas del marido se incendió misteriosamente y la mujer cobró un seguro que permitió salir de las deudas. Luego y según cuenta la leyenda, comenzaron a morir los hijos, víctimas de una extraña intoxicación y sus seguros de vida permitieron que la madrastra llevara el dolor con holgura. Finalmente le tocó el turno al mismo Sorenson, quien falleció el 30 de julio de 1900, misma fecha en que su cónyuge, previsora, lo había sido asegurado con dos pólizas. A pesar de los rumores de envenenamiento, el día del funeral Belle logró cobrar el cuantioso dinero del seguro, preparó sus maletas rápidamente y partió hacia Indiana dejando las sospechas atrás. 
En 1901 la viuda compró una finca en las afueras del tranquilo condado La Porte cuyo lema es “Vivir y Amar”…Como era de esperarse al poco tiempo de la adquisición, un par de dependencias de la propiedad fueron destruidas por incendios de origen desconocido y el seguro cubrió las pérdidas de la afligida propietaria. Un año después se casó con el noruego Peter Gunness, carnicero, viudo, amable, bonachón y con dos hijas. El hombre no sólo le legaría su apellido y bienes a Belle, también la habilidad de trocear carnes con hachas y cuchillos que la mujer ejercitaría tenebrosamente poco tiempo después. 
Las crónicas de la época dicen que a tan sólo una semana de la boda, una de las hijas de Peter murió de “causas inciertas” y en diciembre de 1902 el hombre sufrió un “trágico accidente fatal” cuando la máquina de moler salchichas cayó en su cabeza. Esta vez la compañía de seguros desconfió y aunque desembolsó en tiempo y forma una abultada suma a la mujer, comenzó a investigar sobre el caso. La justicia, sin embargo, no pudo evitar conmoverse ante la aparición de esa viuda compungida, azotada por las desgracias y tan embarazada que ningún jurado se animaría a condenarla. Los cargos fueron retirados, los vecinos que estimaban a la sufrida mujer suspiraron con alivio y Belle volvió a salirse con la suya una vez más. 

Después de dar a luz un varón, la noruega comenzó una verdadera metamorfosis. Adelgazó hasta lograr los noventa kilos de su juventud, cambió de peinado, compró nuevas y elegantes ropas y embelleció su sonrisa con dientes de oro. Se sentía joven y atractiva, era inocente ante la ley y tenía un grandioso plan. Contrató a un empleado, Ray Lamphere, hombre monosilábico y de pocas luces, para los trabajos en la granja y muy resuelta publicó anuncios en las columnas matrimoniales de todos los diarios del medio oeste:
“Viuda atractiva y dueña de una gran finca en uno de los mejores distritos de La Porte, Indiana, desea conocer a un caballero para unir sus respectivas fortunas…” Y los pretendientes, comenzaron a llegar. Hombres de mediana edad, maduros e incluso jóvenes hipotecaron propiedades, vendieron negocios o pidieron prestados los cinco mil dólares imprescindibles para aspirar a la viuda. Belle Gunness respondía amorosamente sus cartas, obsequiando de tanto en tanto –de acuerdo a la fortuna del candidato- “sé que tú eres el hombre que quiero” “pienso en ti constantemente” “mi corazón late en éxtasis salvaje” y a todos: “ven preparado para quedarte para siempre”. Esta última frase tuvo estricto cumplimiento. En 1907, decenas de hombres esperanzados llegaron a las puertas de Belle y desaparecieron… para siempre. Las persianas de la casa permanecían cerradas día y noche y a menudo sólo se veía a lo lejos una pequeña luz de linterna en el chiquero. El empleado, Ray Lamphere, sabía qué sucedía con los pretendientes, pero estaba demasiado enamorado de su jefa para delatarla. Ordenada, prolija y decidida, Belle Gunness había adquirido la seguridad del psicópata homicida que cree tener todo bajo su absoluto control y dominación. Es por esto que en febrero de 1908, cuando Lamphere se puso difícil y le hizo una escena de celos, no sólo lo despidió sin miramientos, también declaró ante la justicia que su empleado estaba loco y le había amenazado con matar a su familia e incendiar la granja; por supuesto, logró que el cómplice fuera a parar a la cárcel por un tiempo. 
Sin dudas Belle había olido el peligro en el aire. Los rumores sobre ella habían comenzado a circular a partir de los reiterados reclamos de los familiares de desaparecidos, y aunque la comunidad se negaba a pensar algo malo de su encantadora vecina, lo cierto es que la investigación policial se había puesto en marcha. 

En la madrugada del 28 abril de 1908, el alguacil del condado fue despertado con la terrible noticia: la casa de su sospechosa ardía como el infierno. Bajo un montón de ruinas humeantes habían sido encontrados cuatro cadáveres carbonizados, pero el hallazgo era tan macabro como misterioso: los tres cuerpos más jóvenes estaban en el sótano, alineados junto al de una mujer…sin cabeza. ¿Era la grandota Belle? Las medidas no coincidían y sin la testa era imposible de identificar, pero una dentadura de oro bajo el cuerpo, sembró la duda entre los investigadores. Inmediatamente fueron a buscar a Lamphere, quien había salido de prisión y era el sospechoso número uno de la tragedia. Fue entonces cuando en su media y confusa lengua, el hombre comenzó a hablar. 

Nadie, ninguno de los habitantes del condado hubiera soñado jamás un escenario más espeluznante. A medida que la cuadrilla cavaba, la granja se convertía más y más en un enorme cementerio. En el transcurso de los días aparecieron cuerpos enteros y desmembrados y una gran cantidad de partes humanas imposibles de identificar apiladas en fosas comunes en el antiguo chiquero. Se calculó que la lista fatal al menos estaba integrada por 42 personas, pero es probable que fueran 200 o incluso más. Debajo del piso del sótano brotaron más huesos, billeteras vacías, relojes, efectos personales de las víctimas y los zapatos y cartera de una mujer no identificada. 
Los residentes de La Porte iban de horror en horror, todos habían ¿conocido? a una de las asesinas seriales más prolíficas de la historia, Viuda Negra, Landrú con faldas, Lady Barba Azul , Psicópata noruega,  La asesina de los corazones solitarios… ¿cómo recordaría la historia a Belle Gunness? 
Muchos se negaron a creerlo, otros no tenían dudas: la astuta asesina, seguía con vida. Había escapado llevando con ella unos trescientos mil dólares, equivalente a siete millones de dólares en dinero actual. En cambio había dejado dos ofrendas para su sangrienta leyenda: la cabeza femenina que jamás fue encontrada y un "cabeza de turco" para la ley. Lamphere fue condenado por el incendio y complicidad en los crímenes y murió en prisión. Cuentan que cada noche miraba hacia la calle desde su ventanita con rejas y aseguraba -Ella no murió, ella está afuera…-







 Fuentes: 
. Crime Library “Belle Gunness” by Joseph Geringer
. Langlois, Janet L. “Belle Gunnes, The Lady Bluebeard: Narrative use of a Deviant Woman” Women's Folklore, Women's Culture. Pág. 109.
. Newton, Michael. Encyclopedia of Unsolved Crimes. Infobase Publishing, 2009. Pág. 150
. Jones, Ann. Women Who Kill. Contemporary classics. 2009. Pág.163 . 
Wikipedia: enlaces en texto. 
Imágenes: Internet Google