miércoles, 13 de noviembre de 2013

Clara Immerwahr y el Veneno de Dios


En 1915, la idea de una Mitteleuropa (1) germánica prendía con fuerza; las tropas del káiser desfilaban ante las multitudes enfervorizadas, los generales a caballo soñaban con una estatua en la plaza y un famoso químico probaba su gas venenoso en la Segunda Batalla de YpresLa Guerra Química había comenzado oficialmente, (2) tenía un padre llamado Fritz Haber y también, una adversaria de fuste: Clara Immerwahr. 

Mientras los comandantes alemanes criticaban en voz baja el uso de cloro gaseoso contra las trincheras enemigas, la esposa de Haber desafiaba en solitario a su poderoso marido y a todo el imperio. Su posición en contra de la utilización de armas químicas, a las que llamó "perversión de la ciencia", le valió el estatus de paria en la sociedad alemana y traidora a la patria por parte de Haber. 

Clara Immerwahr, primera mujer en Alemania doctorada Magna Cum Laude en química y Fritz Haber, futuro premio Nobel, tuvieron una contienda desigual y como en los viejos y arcanos tiempos... ¿fue Samael, Veneno de Dios y Ángel de la Muerte (3)quien ganó la batalla?



Clara no quería casarse. La sola mención de la palabra “matrimonio” le revolvía los astrocitos en su cerebro. Era y se sabía muy buena en las ciencias naturales y estaba empecinada en graduarse como química, al igual que su padre. En 1896 las cosas no eran fáciles y en un principio tuvo que conformarse con asistir a la universidad de Breslau como visitante, única posibilidad para su sexo. Después de mucha pelea, logró que le dieran permiso para tomar el examen de calificación y accedió al programa de doctorado. ¡Albricias! El 12 de diciembre de 1900 Clara Immerwahr se graduó Magna Cum Laude con un Ph.D. en química y se convirtió en la primera mujer en recibir este título en una universidad alemana.


Alrededor de 1901, la brillante promesa de la ciencia decidió atender las expectativas sociales. Dejó por un momento de lado a las partículas fundamentales y dirigió su mirada a un persistente pretendiente y colega que le había propuesto matrimonio en varias oportunidades: Fritz Haber. Empírica a las cosas, Clara se casó con Fritz. Tenían mucho en común por ese tiempo. Ambos eran de Breslau, treintones, químicos brillantes y la charla estaba garantizada; los dos provenían de familias judías y se habían convertido al cristianismo y por si fuera poco, parecían compartir los ideales. Haber estaba decidido a cambiar la agricultura y tenía una fe ciega en su investigación para utilizar la reacción entre el nitrógeno y el hidrógeno atmosféricos para formar amoníaco. ¿Cómo no enamorarse perdidamente de ese hombre que terminaría con el hambre en el mundo? 

Poco a poco, Clara fue convirtiéndose en la asistente (de lujo) del marido. Al principio protestó un poco cuando Fritz le prohibió continuar con sus investigaciones, pero finalmente aceptó secundarlo en tareas menores. La química entonces se encargó de la vida doméstica, luego de la maternidad y se emocionó hasta las lágrimas cuando Fritz le agradeció –en una breve y desabrida línea- su colaboración en un libro sobre la termodinámica. Haber subía velozmente escalones académicos y para 1911 fue distinguido como director del prestigioso Instituto Kaiser Wilhelm en Berlín, una distinción que vino de la mano de su nombramiento como profesor en la Universidad de Berlín y miembro de la Academia Prusiana de Ciencias. Clara y su hijo Hermann, raramente lo veían. Los inquietantes rumores sobre su esposo, sin embargo, volaban a la velocidad de la luz.
Era agosto de 1914; Alemania le había declarado la guerra a Rusia y a Francia y Fritz Haber se había convertido en el flamante titular del Departamento de Guerra Química del Ministerio de Guerra. 


Was? El mismo hombre que había permitido el aumento de la producción agrícola en todo el planeta, ahora declaraba: “En tiempos de paz, un científico pertenece al mundo, pero en tiempos de guerra pertenece a su país" Acto seguido se había dedicado por completo a la investigación de potentes gases venenosos…de la noche a la mañana, Haber se había convertido en un Samael, con su misma dualidad. 


Clara Immerwahr enloqueció de horror. Su hombre había pervertido los ideales de la ciencia y traicionado las creencias de ambos y ella no permitiría la inminente matanza. Se opuso abiertamente a su marido, pidió, rogó y finalmente lo amenazó para que detuviera sus investigaciones. Acudió a todos los conocidos y a las autoridades gritando que el gas venenoso estaba prohibido por La Haya, pero era tarde. Los arsenales militares alemanes ahora contaban con una nueva y terrible arma, capaz de cegar o destrozar los pulmones de las víctimas, cortesía de su patriota esposo. 

Clara no fue escuchada, ni siquiera por los comandantes que consideraban repugnante y “poco caballeroso” el uso del gas venenoso. Todos querían la victoria. Fritz Haber apenas se distrajo de su tarea para acusar públicamente de traición a la molesta mujer. 
El 22 de abril de 1915 en Ypres, Bélgica, fueron liberadas 168 toneladas del letal cloro y la nube verde grisácea se desplazó hasta las posiciones de las tropas francesas. Dos días después se produjo un segundo ataque. El exultante Fritz fue ascendido a capitán y el 2 de mayo volvió a Berlín para asistir a una fiesta en su honor. Ese mismo día Clara Immerwahr murió en los brazos de su hijo. 


La versión oficial dice que la mujer tomó el revólver de su marido y se disparó, aunque el supuesto suicidio se mantuvo en el más estricto secreto, nunca estuvo en los periódicos y jamás se realizó una autopsia. Pocas horas después, Haber partió al frente oriental para supervisar la liberación del gas contra los rusos, dejando a su hijo de catorce años a cargo del funeral. 

El Ángel de la Muerte siguió ocupado por mucho tiempo, fue honrado con el Premio Nobel de Química en 1918 y tuvo el reconocimiento de los nazis, aunque judío, finalmente tuvo que abandonar Alemania en 1933 y falleció el año siguiente en Basilea. 
Fritz Haber o Samael, hizo su trabajo. La trágica ironía es que apenas unos años después de su muerte, los judíos de Europa –incluyendo muchos de sus familiares y amigos- fueron gaseados con los compuestos que inventó este personaje. 


Sabemos que la Chemikerin Clara Immerwahr peleó y perdió su batalla por la paz contra la serpiente con cara de león. Quizás nosotros, la humanidad toda, perdimos con ella la guerra.




1. Best seller de Friedrich Naumann. Voz alemana que hace referencia a Europa Central. Palabra que denota el concepto político y geográfico de una Europa Central dominada y explotada por Alemania. Plan del Imperio Alemán que tenía como objetivo alcanzar la hegemonía cultural sobre Europa central y posteriormente la explotación económica y financiera de esta región. 
2. A pesar de que los franceses habían sido los primeros en usar esta arma de guerra el año anterior, la fórmula alemana “mejorada” era más mortífera y se había fabricado en grandes cantidades. 
3. La literatura talmúdica y post talmúdica dice de Samael, nombre en hebreo que combina las palabras “Sam”, que significa “veneno” y “El”, que significa “Dios”. Samael-veneno de Dios- es el Ángel de la Muerte en la tradición judía, no un demonio, sino un arcángel capaz de ser tan maligno como bondadoso.

Fuentes: 
. Apotheker, Jan, Sarkadi, Livia Simon. European Women in Chemistry. John Wiley & Sons, 2001.
. Bertsch McGrayne, Sharon. Prometheans in the Lab: Chemistry and the Making of the Modern World. Sharon Bertsch McGrayne, 2001. Pág. 61 . 
. Stoltzenberg, Dietrich. Fritz Haber: Chemist, Nobel Laureate, German, Jew. Chemical Heritage Foundation, 2004. Pág. 173 
. Christianson, Scott. Fatal Airs: The Deadly History and Apocalyptic Future of Lethal Gases that Threaten Our World. Pág. 31

Premio Clara Immerwahr para jóvenes científicos (en inglés)



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