lunes, 12 de mayo de 2014

Elena Ceauşescu



25 de diciembre de 1989. 4 p.m. Cuartel Militar de Târgoviște, Dâmboviţa, Rumania.

El pelotón de fusilamiento había descargado la última ronda de disparos y una nube de polvo envolvía el patio. Durante un largo minuto, soldados, testigos, jueces y camarógrafos permanecieron rígidos y en silencio, con las miradas fijas en los dos cuerpos caídos junto al paredón amarillento y descascarado. 120 impactos directos y el grueso hilo rojo que había comenzado a dibujarse en el suelo, atestiguaban que la poderosa Elena, Madre de la Nación y Nicolae Ceauşescu finalmente no eran dioses. 
Eran humanos y estaban muertos.






Elena Ceauşescu (neé Lenuta Petrescu) fue, y es, dos mujeres en una. La marcada dualidad en esta Mujer con Historia, es el resultado de los odios jurados y amores incondicionales que marcaron su vida, muerte y legado. 

Mucho antes de convertirse en un objeto de culto para los rumanos, Lenuta fue la hija de unos humildes campesinos de la comuna de Petreşti. Pudo o no, haber terminado sus estudios primarios (los distintos autores no se ponen de acuerdo) y como alumna sólo destacó en las clases de costura. Más tarde, en Bucarest, se ganó la vida trabajando como auxiliar en un laboratorio y obrera en una fábrica textil. En 1937, a los 21 años, se unió al Partido Comunista de Rumania y conoció a un joven dos años menor que ella, con mucha calle y antecedentes de agitador peligroso: el recién salido de prisión Nicolae Ceauşescu



Una década más tarde, con varios encarcelamientos del novio en el medio, la feliz pareja se casó. Y allí sí, juntos y de la mano, los Ceauşescu fueron por todo y comenzaron a escalar, de dos en dos, los peldaños hacia el poder. 


Luego de que los comunistas tomaran el mando en Rumania, Elena se convirtió en la persona más importante e influyente del Buró Político del Partido Comunista, después de su marido. Y la maquinaria del Culto a la Personalidad, se puso en marcha. Nadie sabe muy bien cómo lo logró, pero en 1970 y después de estudiar dos años en la Universidad de Bucarest, esta mujer, que no cursó estudios secundarios, se convirtió en ingeniera química y fue por la maestría. El profesor encargado de la evaluación, se negó a graduarla en reiteradas ocasiones, hasta que las presiones políticas lo obligaron a ponerle la mínima nota necesaria para obtener el título. Elena defendió su tesis a puerta cerrada, y después de amenazas, despidos y extrañas desapariciones de profesores, finalmente obtuvo lo que quería. 

Con su marido como Jefe de Estado, Elena Ceauşescu ocupó el cargo de Viceprimera Ministra de Rumania. La vida y el pueblo, sonreían con amor a la feliz pareja. 


Los niños rumanos comenzaban el día con canciones de alabanza hacia su Madre Elena, su Papá Nicolae, el Partido y la Nación, en ese orden. 


La Edad de Oro de los Ceauşescu resplandecía y los medios de comunicación, intelectuales, artistas y escritores se esmeraban en odas hacia sus gobernantes. Nicolae era garante del progreso y la independencia de la nación, arquitecto visionario del futuro, demiurgo, genio, milagro, estrella de la mañana, príncipe azul santo, dios secular, salvador, sol, milagro y su esposa, era todo eso y mucho más, porque sencillamente ella era perfecta.





Ningún rumano podía estar en desacuerdo, caso contrario, la Securitate, una de las fuerzas de policía secreta más ubicuas y brutales del mundo, se encargaba de aplicar el correctivo


¿Qué pasaba mientras tanto en Rumania? Casi nada. El estado había intervenido en la vida sexual de las mujeres, prohibiendo la anticoncepción y estableciendo que todas las mujeres menores de 45 años debían tener, al menos, cinco hijos en casa. Y la Securitate se encargaba del estricto cumplimiento de esta ley, visitando a las féminas en los consultorios de ginecología y en sus lugares de trabajo. Los solteros y solteras, mayores de 25 años, a su vez, pagaban un 30% más de impuestos sobre sus ingresos para permitirse esa libertad. Esta política ocasionó un aumento en la tasa de mortalidad infantil –la mayoría de los rumanos no podía permitirse criar más hijos- el incremento de los abortos clandestinos, abandonos de menores en orfanatos y de paso, la peor crisis del SIDA de la época. Elena y Nicolae habían decidido que esa enfermedad no existía en su paraíso comunista y los anticonceptivos todos, estaban prohibidos por ley. 

¿La economía? Bien, gracias. En la década de 1980 los Ceauşescu, con el objetivo de acabar con la deuda externa, establecieron la racionalización, drástica reducción de los artículos de primera necesidad como carne, leche, huevos, agua corriente y luz eléctrica, que sumaron penurias a los rumanos. 
Poco a poco y a pesar de la omnipresente propaganda oficial que adulaba a la pareja en forma incesante, la imagen pública de Elena y su marido, comenzó a agrietarse en el país y también en el exterior.


Con la llegada de Gorvachov, la perestroika y la glasnost a Rusia, los países occidentales que alguna vez los mimaron, ahora llamaban a los Ceauşescu el régimen más tiránico de Europa
Mientras inflación, desempleo y descontento marcaban la década de los ochenta, Elena no parecía enterarse. Seguía ocupada acumulando títulos académicos muy discutidos, viajando, dando discursos a las masas, encargando retratos a los pintores más famosos y seleccionando las mejores fotos y videos para homenajearse, mientras su esposo reprimía violentamente las manifestaciones en su contra. 


En 1989 el relato Ceauşescu, ese cuento maravilloso que los había elevado a dioses en la tierra, se había desmoronado y estalló la Revolución. Primero en Timişoara y, más tarde en Bucarest y en todas las ciudades importantes, hasta que en diciembre de ese año, Elena y Nicolae perdieron el apoyo del ejército y fueron detenidos, juzgados rápidamente y ejecutados. 



Las terribles imágenes del juicio y posterior ajusticiamiento fueron filmadas y dieron la vuelta al mundo. Por primera vez, Elena no dirigía, buscaba el mejor perfil o elegía la iluminación. La rumana más famosa de la historia ya no estaba al mando del escenario.







Fuentes: 
. Pacepa, Ion Mihai. Red Horizons: The True Story of Nicolae and Elena Ceausescus' Crimes, Lifestyle, and Corruption. Regnery Publishing, 1990. 
. Doval Huecas, Gregorio. Fraudes, engaños y timos de la historia. Ediciones Nowtilus S.L., 2010. Pág. 111. 
. Siani-Davies, Peter.The Romanian Revolution of December 1989. Reference,Information and Interdisciplinary Subjects Series. Cornell University Press, 2007. Pág. 18. 
. Müller, Herta. Hambre y seda. Siruela, 2011. 
 Imágenes: Internet


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