sábado, 6 de mayo de 2017

Sin Miedo: Margaret Gipsy Moth

 Margaret Gipsy Moth 1951– 2010

"Dejemos que las imágenes (de atrocidades) nos persigan. Incluso si sólo son fragmentos y no pueden describir toda la realidad a la que se refieren, aún tienen un objetivo. Las imágenes nos dicen: esto es lo que los seres humanos son capaces de hacer, de forma voluntaria, entusiasta, sancionada" S. Sontag 


La primera fotoperiodista neozelandesa Margaret Moth se jugó la vida, no una, sino cientos de veces cubriendo los episodios más violentos de su tiempo durante casi dos décadas. Estuvo en la India tras el asesinato de la primera ministra Indira Gandhi; en la Guerra del Golfo de 1990; en Kuwait, en Bagdad tras el derrocamiento de Saddam Hussein; en Tbilisi, Georgia, cuando los milicianos abrieron fuego contra una multitud de manifestantes; en Cisjordania en 2002, mezclada entre un grupo de protesta. Sólo se tomó unos meses de ¿descanso? cuando un francotirador en Sarajevo, le voló la mandíbula, los dientes y la lengua, con un certero disparo. 


¿Quién era esa muchacha de inmensos ojos azules, que vestía de negro y dormía con las botas puestas en edificios destruidos? ¿Una indómita salvaje y aburrida? ¿Una loquita suelta que despreciaba su vida? Nada de eso. Margaret polilla Moth era una profesional seria y comprometida con su trabajo. Desafió balas, tanques y vehículos blindados para llevarse la imagen más fidedigna de la guerra y las personas atrapadas en la barbarie. Sabía, como todos, que finalmente las palabras ¡los títulos! intentarían anular o condicionar la evidencia ante los ojos de los que están fuera del conflicto. Pero lo suyo era testimoniar; el escrutinio y la evaluación de la realidad no le concernían. 

Por lo demás, también era una mujer muy singular. Sus colegas la respetaban por el buen humor, la calma y serenidad en situaciones difíciles, la fortaleza de ánimo y prioridades. Era el tipo de las que se excusan de una reunión social diciendo que tiene que lavar los calcetines, o rehúsa montar un carro montado por caballos para no ocasionar dolor a los animales y prefiere correr con su cámara al hombro por el desierto de Petra, Jordania, con un calor imposible. Sí, amaba a los animales tanto como a las personas.

Muchos la recuerdan durmiendo con un solo ojo en un hotel destruido en Sarajevo, atenta a los tambores de guerra… y sobre todo, por lo que sucedió en la mítica Avenida de los Francotiradores. Era julio de 1992 y Margaret intentaba entrevistar a los pilotos de vuelos de socorro, cuando un francotirador le asestó un disparo perfecto en la cara. Su mandíbula se hizo añicos, perdió casi todos los dientes y gran parte de su lengua. Luego de que los médicos le salvaran la vida y muchos meses y cirugías reconstructivas después, Margaret aprendió a comer, beber y hablar de nuevo ¿sus primeras palabras? “Quiero volver a Sarajevo para buscar mis dientes”… 😃Y fiel a su palabra, regresó a Bosnia un año después. 

La bella morena siguió buscando la verdad entre balas cruzadas, sin dudas, sin quejas y sin lágrimas. ¿Heroína? Ni ahí. Le repelía la palabra y todas sus connotaciones. Para Margaret, la vida era como un partido de tenis, “uno nunca sabe cómo viene la pelota, lo que importa es cómo la regresamos”. Así trató el cáncer de colon que le tocó en suerte al final de su vida. Lo miró de frente, como antes miró a los soldados en la línea de combate; no tembló, no huyó. La realidad era mil veces mejor que mil palabras de consuelo. Y ella había elegido vivir su vida y su muerte en la luz –como buena polilla- y sin una venda en los ojos. 
Le sobrevivieron sus 25 gatos callejeros que algún colega albergó en Estambul.  


Fuentes: 
. Margolis, Harriet, Krasilovsky, Alexis, Stein, Julia. Shooting Women: Behind the Camera, Around the World. Intellect Books, 2015. Pág. 254
. Sawyer, Diane. Couric, Katie. Triumph of Women in TV News. Sheila Weller Penguin, 2014.