viernes, 28 de marzo de 2008

LA MALA: Lilith





Lilith



John Collier (1892) Oil on canvas



Lilith es un fascinante personaje bíblico y de las ciencias ocultas. Según relata la literatura hebrea,  fue la primera esposa de Adán y estaba hecha con arcilla, igual que él.


Era una mujer muy hermosa, pero también “demasiado liberal”. Convencida de su igualdad con el hombre, lo primero que hizo fue quejarse de tener que yacer con Adán siempre debajo. “Fuimos creados iguales y debemos hacerlo en posiciones iguales” le decía a Dios, y cuando se cansó de no ser atendida, dio un portazo y se fue del Paraíso. Adán recibió entonces a Eva, su nueva compañera, creada a partir de una de sus costillas y mucho más disciplinada que su antecesora.

A partir de esta narración, Lilith fue considerada la Reina de los Súcubos (demonios femeninos) y se la ha supuesto posteriormente una perversa ninfómana, maestra seductora de hombres.
Convertida en la primera exiliada de la historia, Lilith (cuyo nombre en hebreo significa “viento” ó “espíritu”) es también la Reina de los Vampiros, porque no sólo mantiene relaciones sexuales con hombres, también los asesina y se alimenta de su sangre.


En la mitología clásica se asimila a diferentes divinidades y monstruos femeninos: Lamia, Empusa, diosa de la brujería, las harpías, las moiras o parcas, las grayas y las gorgonas, ancianas siniestras habitantes de los infiernos.
Otras referencias afines a Lilith se encuentran en la Brunilda de los Nibelungos o en la diablesa babilonia Lilu. El mito varía incluso hasta convertirla en seductora de los hijos de Adán y Eva, y asimilarla con la serpiente del paraíso (como en los frescos de Miguel Angel en la Capilla Sextina).

En astrología, Lilith es una Luna Negra, haciendo referencia a los “deseos ocultos y lados reprimidos de nuestra personalidad, experiencias dolorosas y rincones oscuros de nuestra psique”.

Lilith es la representación de la mujer emancipada, y quizás también, la primera luchadora por la libertad sexual y los derechos del género. Un ejemplo de cómo también en la mitología podemos encontrar las raíces del feminismo.






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