viernes, 10 de mayo de 2013

Pancho Barnes


La diversión, para Pancho Barnes, era un asunto muy serio. Juerguista, dicharachera, calavera de ley y aventurera por definición. Se sirvió la vida en una fiesta perpetua y la bebió hasta el fondo, a su salud y a la de sus amigos. En el medio, fue una de las mujeres más importantes de la aviación del siglo XX, plusmarquista mundial, quebró el récord de Amelia Earhart, fue piloto acrobática, fundadora de un sindicato de pilotos, miembro de las Ninety-Nines, competidora en el Women’s Air Derby y dueña de un rancho frecuentado por lo más granado de la Edad de Oro aeronáutica. Cuando tengas la opción, elije ser feliz recomendaba la indomable Pancho, mientras hacía giros, rulitos y picadas entre las nubes. Esta leyenda e icono fascinante, se reinventó a sí misma varias veces y se casó otras tantas, rompió récords, deleitó con su humor, amó, bebió, fumó, maldijo e imaginamos que cuando se fue, lo hizo con una gran sonrisa, sin after-party y quizás, sin resaca.

martes, 23 de abril de 2013

La Avara




La burguesía comercial neoyorquina del último tercio del siglo XIX (1) devota de las apariencias, consideraba a Hetty Green un personaje desagradable e incómodo, aunque inevitable. El mundillo de la bolsa en particular, no terminaba de digerir a esa mujer que todos los días caminaba rápidamente por Broad Street vestida como "mendiga", mientras hombres poderosos como J.P. Morgan o John Rockefeller, en lugar de darle una moneda, limosneaban su atención…mientras fruncían la nariz. Es que Hetty, primer magnate femenino y la mujer más rica del mundo, olía mal. Su falta de higiene personal era tan proverbial como sus millones o los gastados vestidos negros a los que sólo lavaba el ruedo, para ahorrar jabón. 
La prensa de su tiempo le llamó La Bruja de Wall Street, para el Guinness de los récords y nosotros, Hetty simplemente fue La Avara, eso sí, la más grande de la historia.

sábado, 30 de marzo de 2013

Marina Tsvietáieva

1892-1941 

“La vida es un lugar donde no se puede vivir” decía la irrepetible, compleja y trágica Marina Tsvietáieva, y no le faltaban razones para su lapidaria afirmación. Le tocaron la Revolución de 1917, el Octubre de Lenin, la hambruna y el terror stalinista. Fue víctima –como la mayoría de los escritores e intelectuales de la Edad de Plata- de uno de los mayores crímenes contra la inteligencia de la historia. Su destino, como el de Gumiliov, Ajmátova, Pasternak, Bulgákov, el simbolista Blok, el futurista Jlébnikov o el acmeísta Mandelshtam entre otros, fue decidido por la ruleta rusa de Lenin y Stalin: Exilio. Persecución. Pobreza. Abandono. Muerte…Sin embargo para Tsvietáieva, la mejor escritora rusa del siglo XX (1) hubo una bala en cada recámara.