domingo, 7 de septiembre de 2008

LA CORTESANA: Lola Montes




En el siglo XIX, una irlandesa conocida como Lola Montes hacía de la danza su más poderosa arma de seducción y sembraba escándalos a su paso. Su famoso baile “La Tarántula” basado en los movimientos del flamenco, consistía en despojarse de los velos que la cubrían, haciendo creer a su público que bajo ellos se ocultaba una araña que la picaba.

Algunos autores dicen que nunca puso un pie en España,  otros afirman lo contrario, pero lo cierto es que Lola Montes nació en Grange, el 17 de febrero de 1821 con el nombre de Maria Dolores Eliza Gilbert. La hermosísima Lola, con  rasgos mediterráneos heredados de su madre, nada tenía que ver con la tipología irlandesa, y a muy temprana edad comenzaron a llamarla por un mote que la marcaría de por vida: la andaluza.

Según los datos de la época, habría tenido la friolera de más de cuatro mil amantes.
El zar Nicolás I, padre de todas las Rusias, nada más verla bailar se habría enamorado de ella y el sex simbol pianístico Franz Liszt hombre extraordinariamente guapo, también tuvo sus “nueve semanas y media” de pasión con Lola.
Por su parte Alejandro Dumas padre, con sus rellenitos brazos siempre abiertos para las mujeres hermosas, estrechó  a la “danseuse espagnole” en París y tuvo con ella un apasionado amorío. ¿Ella le inspiraría “"La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir."


Con las castañuelas en alto y una peineta de nácar, Lola habría inventado en 1845 el strip-tease en un escenario parisino y mientras el público aullaba de emoción, uno de sus más fervientes seguidores mataba en un duelo, al único crítico que había escrito una mala reseña en contra de la mujer.

Pero de todos sus amantes el más famoso fue sin dudas, fue el rey Ludwig I de Baviera. El monarca nunca imaginó que a los pocos minutos de conocerla y a su solicitud: “Baila para mí”...



Lola se despojaría de todos sus vestidos, y quedaría completamente desnuda frente a su majestad, sin tarántulas claro, a quienes culpar por su danza. Aún sin saber una palabra de alemán, inmediatamente se instaló en los aposentos reales, fue nombrada Condesa de Lansdfeld, baronesa de Rosenthal y se comenzó a construir para ella un suntuoso palacio en Munich. Sin embargo el apasionado romance terminaría en un descomunal escandalote: Lola fue expulsada del país y el embelesado rey, abdicaría a favor de su hijo Maximiliano.

De danza en danza, de pasión en pasión y viviendo a expensas de hombres adinerados y a veces de sus espectáculos, Lola Montes se convirtió en una de las más famosas cortesanas del Siglo XIX. Ambiciosa y temperamental, nunca cejó en su empeño de vivir como quiso y por encima de los valores de su época.

La mujer capaz de despertar la fogosidad de media Europa masculina con sólo salir al escenario, la misma que había seducido monarcas, murió sola, fané y descangayada (*) a los 43 años en un arrabal de  Nueva York.
Antes de su fallecimiento alcanzó a publicar su manual de autoayuda para vampiresas, cortesanas y chicas de vida liviana: “El arte de la belleza”.






(*) Fané: Desgastada, venida a menos. Descangayada: Achacosa, deteriorada





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