Audios MUJERES CON HISTORIA

jueves, 29 de mayo de 2008

Valeria Mesalina



 




Había una vez, en la Roma del emperador Tiberio…una joven extremadamente hermosa. Ella soñaba con ofrecer sus muñecas a los lares de la familia, vestir la túnica recta para el buen augurio, cubrir su cabeza con el flammeum y lucir el cinturón de lana cuyo nudo sólo un marido podría desatar…sí, Valeria Mesalina soñaba con casarse.

En condiciones normales el matrimonio de esta noble belleza -emparentada a la familia real- y con un funcionario de renombre, hubiera sido sólo un trámite, pero la falta de una dote adecuada complicaba la búsqueda de candidato. Fue gracias al consejo y la oportuna intervención del pariente Calígula –futuro emperador- que Valeria conoció a uno de los más importantes retoños de la familia imperial: Tiberio Claudio César Augusto Germánico, su futuro marido, más conocido como Claudio.



El novio no se parecía al príncipe azul de los sueños de Valeria. Claudio tenía 51 años, cojeaba, solía sufrir ataques de dolor intestinal, epilepsia y esclerosis.  Tenía varios tics en la cabeza, oía mal y tartamudeaba. Si se enfadaba le goteaba la nariz y se le formaba espuma en la boca. Estaba acostumbrado a ser maltratado por sus contemporáneos debido a sus taras físicas y su propia madre le había mostrado desprecio.Quizás por eso, cuando esa hermosísima joven de 15 años dijo que lo amaba, el maduro hombre no lo pensó dos veces y se casó con ella.

La vida amorosa de Claudio había sido poco usual para un noble de esos tiempos. Se dice que sus gustos sexuales eran “completamente correctos” haciendo referencia a que no mantenía relaciones homosexuales o pederastas y tenía –según Suetonio- “gran pasión por las mujeres, pero ningún interés en los hombres”. Después de dos matrimonios infructuosos finalmente en el año 39 d.C. Claudio era un hombre felíz y completo, tenía por esposa a la mujer que adoraba y ésta le había dado su primer hijo, Tiberio Claudio Germánico.

Valeria Mesalina mientras tanto había descubierto el enorme poder de seducción que ejercía sobre todos los hombres, y su vanidad y arrogancia crecían día a día. No es difícil imaginar su extrema alegría cuando se enteró que el marido había sido inesperadamente nombrado: Imperator.
Su nueva posición de privilegio le permitía hacer lo que quisiera. Se dice que comenzó mandando a asesinar a algunos parientes desagradables, como la hermana de Calígula, porque era demasiado hermosa y Valeria Mesalina no aceptaba rivales. También se cuenta que al mismo tiempo en que purgaba parientes y haciendo uso de su extraordinaria belleza conquistaba senadores, militares y en general cualquier hombre que pudiera servir a sus propósitos.


Claudio, ciegamente enamorado de su esposa y concentrado en su gobierno, parecía no advertir que ella lo manipulaba, y tampoco las incursiones de Valeria por las noches. Los enemigos de la mujer contaban que ella alquilaba una celda vulgar en uno de los burdeles de la ciudad, donde se prostituía con el nombre de Lycsisca. Ya por ese entonces eran legendarias las anécdotas de la vida promiscua y se decía que la esposa del emperador era mala, bizarra, intrigante, cruel y disoluta. Quizás por aquellos tiempos conoció Valeria a la también hermosísima siciliana Escila, la prostituta más famosa de Roma.



Aprovechando la ausencia de Claudio, quien estaba en Britania, la arrogante Valeria desafió a Escila. La competencia consistía en averiguar quién podía atender sexualmente más hombres en una noche. Cuentan que Escila se rindió después de haber sido poseída por 25 hombres. Y Mesalina salió victoriosa después de atender la increíble cifra de 200 hombres.

Pero los desenfrenos de Valeria terminaron súbitamente cuando Claudio se enteró que su esposa, se había “casado” con el guapo cónsul Silio, mientras él se encontraba en Ostia. Ante la expuesta bigamia el emperador sintió que su poder y vida peligraban por una posible conspiración para usurpar el trono.

Los amantes fueron condenados. Silio fue obligado a suicidarse, mientras que la mujer fue asesinada por dos pretorianos, por su negativa a inmolarse.
Claudio no presenció la ejecución, todos temían, incluso él, que en el último minuto le concediera el perdón a Valeria Mesalina. El hombre más poderoso del mundo, todavía la amaba.




Fuente Wikipedia
Imágenes: Internet



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jueves, 22 de mayo de 2008

Catalina II. Parte III: "Emperatriz de todas las Rusias"


Capítulo 3/3: 
La Grande

Cuando los regimientos de la Guardia Imperial Rusa vieron aparecer a esa mujer montada en un corcel y vestida con uniforme militar, confirmaron la noticia con alivio: Rusia tenía una nueva Zarina: CATALINA II





La sublevación había sido planeada por la nobleza y el clero, y ejecutada en forma limpia y eficaz por Gregorio Orlov y sus hermanos, ni una gota de sangre rusa se había derramado. Pedro III había cometido su último error. Había dejado a su esposa sola en el centro del poder, San Petersburgo, mientras festejaba con sus amigos prusianos en la residencia veraniega de Oranienbaum. Sumergido en una de sus habituales borracheras, apenas intentó reaccionar cuando fue detenido y obligado a abdicar. En el largo camino hasta la fortaleza de  Ropsha –su cárcel- Pedro debió recordar a la tímida Figchen  estudiando ruso, abrazando la fe ortodoxa, cultivando amistad con la nobleza, contentando a todos. La inocente princesita había planeado su Golpe durante ¡18 años!. Pero no tuvo demasiado tiempo para pensar. A los seis meses de su coronación y tres días después de su deposición,  Pedro apareció estrangulado y uno de los hermanos Orlov fue sospechoso del crimen. Un rumor no confirmado acusó a Catalina de instigar la muerte de su esposo, pero todo quedó en rumores y muchos historiadores no creen que ella formara parte de ese crimen.


En 1762 y a la edad de 33 años la culta, políglota y audaz Catalina tomó la dirección del imperio “para la defensa de la ortodoxia y la gloria de Rusia”, y estaba dispuesta a transformar profundamente las estructuras administrativas y productivas con las tendencias del despotismo ilustrado.

Es difícil saber qué le prometió Catalina a Gregorio Orlov, a cambio de su ayuda para obtener el trono, pero lo cierto es que nunca se casó con su brioso amante, a pesar de que tuvo dos hijos con él. Y después de una década prestando servicios a la zarina el desgastado amante fue despachado con grandes riquezas.


Durante los 34 años que duró su reinado Catalina se ganó el respeto de la mayoría de los gobernantes europeos y de los intelectuales de la época. Incluso gracias a su influencia se impuso como rey de Polonia a su antiguo amante Estanislao Poniatowski.




La astuta Zarina, consciente de la dudosa legitimidad de su poder se apoyó en la aristocracia terrateniente rusa para desarrollar su programa de reformas liberalizadoras y racionalistas. Y por supuesto pagó este respaldo manteniendo no sólo los antiguos privilegios de la nobleza, sino reforzando su poder sobre los siervos. Pero estas concesiones también le permitieron por otra parte, secularizar los bienes de la Iglesia en 1764. La economía rusa creció considerablemente durante su gobierno gracias a las medidas liberalizadoras del comercio y la industria y a la política inmigratoria que favorecía la colonización agrícola. Promulgó un Código de Instrucción donde se recogieron los postulados iluministas, se atendió la reforma educativa con escuelas primarias y secundarias para toda la población, incluyendo a las niñas y trató de europeizar el país, siguiendo los pasos de Pedro el Grande. Durante el reinado de Catalina el Imperio ruso se extendió enormemente;  gracias a dos guerras contra el Imperio otomano y la anexión de Crimea, se logró controlar la costa norte del mar Negro y aumentó el control ruso sobre Polonia y Lituania.



Pero una de las características del reinado de La Grande fue el importante papel que tuvieron sus amantes y favoritos. Después de la salida del bello Orlov,  un tal Alexis Vassilchik ocupó brevemente el corazón de Catalina. Pero en 1774 llegaría el gran amor de la emperatriz, el oficial de caballería Gregorio Alexandrovich Potemkin.


Erudito, guapo y musculoso, un ruso de ley: místico y pagano. Tan pronto lo dominaba la ternura como la crueldad. Potemkin había sido candidato para el sacerdocio, pero lo abandonó por la carrera de las armas y los bochinches en las cantinas, donde alguna vez perdió un ojo. No obstante se dice que era un amante incansable. Se cuenta que le propuso matrimonio a Catalina y aunque ella nunca lo aceptó, a cambio lo convirtió en el hombre más poderoso de Rusia.  Potemkin había sofocado el caos de revueltas campesinas en los montes Urales y se había ganado hacía tiempo el título de ministro. Entre sus hazañas se encuentra la organización del viaje triunfal de Catalina a Crimea, donde fabricó verdaderos escenarios de pueblos prósperos y felices con cartón y pintura, con los que embaucó a la zarina. Cuando la magia sexual se terminó este hombre fue un gran apoyo político y siguió  prestando fieles servicios a la Zarina.  Le presentó a Pedro Zavadovsky,  a Simón Zorich y a Iván Korsakov, que alegraron sucesivamente la alcoba de Catalina.

Luego llegaría el bello y virtuoso Alexis Lanskoi, favorito y querido hasta por los criados de la corte. A su muerte –adjudicada al celoso Potemkin- le sucedió Alexis Ermolov, quien solo gozó de los favores de Catalina por un año, porque a Gregorio Potemkin le caía muy mal. Fue suplantado entonces por el muy joven Alexis Mamonov, quien terminó abandonando a la emperatriz por una joven princesa. Catalina sin rencores, le regaló una excelente boda, cuantiosos obsequios  y  despidió a los desposados con alegría.




El último de los amantes conocidos fue un hermoso teniente de caballería llamado Platón Zubov, quien duró en su posición de privilegio, hasta el 5 de Noviembre de 1796, cuando el joven y toda Rusia lloró la muerte de la más Grande.







No es fácil ser mujer en un mundo pensado para hombres, decía Catalina, pero ella llegó tan lejos como se lo propuso. Había aprendido a sobrevivir, a creer en sí misma cuando nadie más lo hacía y también había aprendido del enemigo, el más eficaz de los maestros.

Susana Peiró


Catalina II, Emperatriz de todas las Rusias...para escuchar.






Fuentes
Catalina La Grande: Emperatriz de Rusia, Erickson, Carolly
Catalina La Grande: Emperatriz de todas las Rusias, Fernando Díaz Plaja.
Catalina La Grande, Henry Troyat
Catalina de Rusia, Paul Mourousy
Wikipedia
Imágenes: Internet Google

viernes, 16 de mayo de 2008

Catalina II de Rusia: Parte II: Los Amores...





CAPITULO 2/3: 
“Los amores de Catalina


“Pasaba de un amante a otro sin el menor escrúpulo, pero guardando siempre el respeto total de las formas. Abandonó su cuerpo como su virtud y su honor, a distracciones siempre nuevas, a placeres rebuscados con desenfrenado ardor, pero no olvidó su dignidad, su ambición ni la superioridad que había de demostrar en el futuro.” 
Casimiro Waliszewski

El 21 de agosto de 1745 San Petersburgo asistió a uno de los casamientos más lujosos de todos los tiempos. Docenas de buques trasladaron a los representantes de las coronas europeas a través del helado Neva y la fabulosa Iglesia de Kazán vistió sus mejores galas para el casamiento de Pedro y Catalina.



Pero nada, ni siquiera la esmerada bendición del obispo de Novgorod salvó a los esposos del desastre. Inmediatamente apagadas las luces de la fiesta, Pedro Ulrico dio rienda suelta a su carácter y el primer gesto, fue dejar de lado a su joven, hermosa y ardiente esposa, para hacer la corte a todas las mujeres que se le cruzaban, incluyendo las criadas que compraba por pocos rublos.

Algunos autores aseguran que Pedro habría padecido de fimosis, la cual le imposibilitaba copular, y ésta sería la razón de su esterilidad y acomplejado comportamiento sexual.

El abandono de los deberes conyugales por parte del Gran Duque, condenaron a Catalina a más de 8 años de virginidad, situación que preocupaba sobre todo a la Zarina Isabel que esperaba un heredero a toda costa.

“Mi querido esposo - decía Catalina en su diario- no se ocupaba de mí, dedicado como estaba a sus juegos militares o a cambiarse veinte veces al día de uniforme, a jugar con los soldaditos, a entretenerse con sus muñecas, con su teatro de marionetas y con las jaurías de perros de caza”.


La joven y bella Catalina resignada a su suerte, se dedicó por completo a estudiar. Se carteaba con Voltaire, D´Alembert, el filósofo Diderot (a quien más tarde recibiría en su corte por un prolongado tiempo), leía a Plutarco, Montesquieu, Tácito y los enciclopedistas. En realidad, en esos tiempos de soledad y abandono, comenzó el gran amor de Catalina por el Despotismo Ilustrado.


Pero claro, también existía otro tipo de amor y ella lo presumía. Sus encantos femeninos eran objeto de piropos e insinuaciones por parte de los hombres de la corte, y había comenzado a apreciar la galantería, sobre todo los requiebros de un tal Tchernichev, gentilhombre del gran Duque. Pero fue el chambelán de la emperatriz, Sergio Saltikov, quien sedujo de manera fulminante y por primera vez, a la efusiva Catalina.


Fue un tórrido y ardoroso amor pasional entre jóvenes -ella tenía 22 años y él 26- y se sabe que la propia Isabel  fue quien lo propició, ante la falta de herederos. Y así fue engendrado en 1754, Pablo, el futuro Zar de todas las Rusias y la ciudad se llenó de júbilo con el nacimiento.
A la pragmática Zarina le importaba muy poco que el bebé no tuviera ni una gota de sangre Romanov, y una vez cumplida la misión, destinó a Sergio Saltikov a congelarse en Estocolmo, en “misión diplomática” para evitar sospechas.

Pedro, bien gracias. Cada vez más violento y vulgar, pasaba la mayor parte del tiempo en sus habitaciones, borracho y perdido entre bacanales, extravagancias e infantilismos.

Para 1756 Catalina ya no podía vivir sin un amante, y tras varias relaciones fugaces, encontró al guapo polaco Estanislao Poniatowski, ataché del embajador inglés, el hombre que más la amaría. Dicen que cuando Pedro se enteró del romance, quiso colgar al joven, sobre todo cuando supo que Catalina había tenido una hija con él (que falleció al poco tiempo). Pero todo se resolvió felizmente, cuando la Zarina mandó a Poniatowski a Polonia y la paz familiar volvió a reinar.


La Gran Duquesa Catalina fue fiel a su guapo polaco por algunos meses, hasta que conoció a Gregorio Orlov, un héroe de batalla con cara angelical y un físico de Tarzán, con quien tuvo otro hijo, a quien se conocería como Alex Bobrinsky.

El 5 de enero de 1762 falleció Isabel, hija de Pedro El Grande y accedió al trono ruso el Gran Duque con el nombre de Pedro III. Las locuras del nuevo monarcaiban en aumento y sus excentricidades se volvían intolerables para todos.
El nuevo Zar trata a su esposa con desprecio, la humilla ante sus cortesanos, la insulta y se burla de ella. Catalina simplemente espera, colecciona amantes y prepara el Gran Golpe.

"Los Amores de Catalina...para escuchar.
 

Fuentes:
Catalina La Grande: Emperatriz de Rusia, Erickson, Carolly
Catalina La Grande: Emperatriz de todas las Rusias, Fernando Díaz Plaja.
Catalina La Grande, Henry Troyat
Catalina de Rusia, Paul Mourousy
Wikipedia


Imágenes: Internet Google

domingo, 11 de mayo de 2008

Catalina II de Rusia: Parte I: "Figchen"





CAPITULO 1/3: 

“Esmirriada, enjuta y contrahecha”



El Reino de Prusia era muy pródigo en princesas casaderas. Las aspirantes a ocupar lugares de privilegio en la aristocracia europea, eran formadas con esmero por un verdadero ejército de institutrices, nanas, profesores de música, danzas, religión y lenguas extranjeras, y a menudo se convertían en piezas políticas claves de negociación entre países.

Con un hombro más elevado que el otro y delgadez extrema, la pequeña Figchen (diminutivo germánico de Friederike ó Federica) no parecía reunir las cualidades necesarias, ni siquiera para sacar a su familia de la digna pobreza en que vivían.   

Sophie Friederike Auguste von Anhalt-Zerbst había nacido el 2 de mayo de 1729 en el seno de una familia aristócrata de menor rango,  y desde el primer momento fue una decepción para sus padres, que  esperaban un varón.  Su mamá, la hermosa Juana de Holstein-Gottorp,  aún resentía el propio matrimonio, que no hizo justicia a su belleza y noble cuna. Y para lograr  al menos, un mediocre casamiento para su contrahecha hija,  decidió corregir los defectos de Figchen haciendo fabricar un extraño corsé en metal y cuero que abarcaba a la niña  desde la cabeza hasta los pies.


Por muchos años –casi toda su infancia- Figchen soportó los  terribles dolores ocasionados por  ajustadas correas  y hasta laceraciones en el cuero cabelludo, que la obligaban a llevar su cabeza siempre rapada. No obstante los sufrimientos físicos y el desprecio de la madre, Figchen o Sofía,  tuvo una niñez apacible y felíz. Aunque amaba estudiar, tuvo que conformarse con la instrucción necesaria para un mediocre matrimonio, que abarcaba el aprendizaje del francés y la cultura francesa. La  vida en el campo, alejada de los brillos de la corte y de niños de su edad, incluía su caballo Azul y sobre todo al tío Jorge, varios años mayor y compañero inseparable de la princesa.


Cuando a los catorce años se vio liberada de la prisión de su corsé y comenzaba a mostrar una incipiente belleza, se habló de casarla con su tío, que estaba muy enamorado de ella. Y es posible que el proyecto se hubiera realizado, si en 1744 no hubiese llegado al andrajoso palacio Anhalt una misteriosa carta procedente de Rusia.


Por aquellos tiempos, Rusia se encontraba bajo el mando de Isabel, hija de la segunda esposa de Pedro El Grande, quien había designado a un sobrino suyo, el alemán Pedro de Holstein-Gottorp como heredero y futuro Zar. La astuta Isabel  había llegado al trono protagonizando una revolución y necesitaba elegir para su sobrino una esposa muy especial, sin compromisos dentro de las complicadas redes diplomáticas y monárquicas, alguien que no atrajera demasiada atención, una oscura princesa alemana que de paso, fortaleciera la amistad entre Prusia y Rusia. Y dio órdenes para que se invitara a San Petersburgo, con claras insinuaciones matrimoniales,  a  Sophie y su familia.


Los príncipes alemanes dispusieron prontamente el viaje y en febrero de 1744, la tímida Figchen y su madre eran recibidas por la zarina Isabel. A partir de ese momento, nada fue fácil para Sofía. Mientras que la joven dedicaba todo su tiempo al estudio, su vanidosa, ambiciosa e indiscreta madre nadaba en cotilleos e intrigas palaciegas que molestaban a la zarina y comprometían el futuro matrimonio.  Pero su mayor desafío era sin lugar a dudas, entender  al zarevich,  su prometido, a pesar de que ambos eran alemanes.


El Gran Duque y futuro Zar de todas las Rusias, Pedro, nieto de Pedro El Grande,  era un personaje controvertido. Fatuo, simplón, con una sempiterna sonrisa burlona y extremadamente, feo. Era un poco mayor que Sofía y pasaba todo el día con sus lacayos jugando con soldaditos de plomo. Pedro nunca había dejado de ser prusiano y despreciaba sin miramientos a los rusos y sus costumbres;  se reía abiertamente de sus futuros súbditos y con el tiempo se ganaría la enemistad y el odio de numerosos sectores de la sociedad.


Por su parte la joven elegida para ser su esposa era inteligente, despierta, dulce, generosa, paciente, justa, de buen corazón. En un mundo de intrigas y dobleces, no hablaba mal de nadie, adoptaba una actitud serena, llena de deferencias, respeto y atenciones a todos. Hablaba francés a la perfección,  había comenzado a estudiar el difícil idioma ruso con pasión y se convertía a la iglesia ortodoxa con el afán de adaptarse a su nuevo país.  El 28 de Junio de 1744 y pese a la oposición de su padre, devoto luterano, Sofía se hace bautizar con el nombre de Yekaterina Alekséyevna…más conocida  como
CATALINA de Rusia.

"Figchen", para escuchar...



Fuentes:
Catalina La Grande: Emperatriz de Rusia, Erickson, Carolly 
Catalina La Grande: Emperatriz de todas las Rusias, Fernando Díaz Plaja.
Catalina La Grande, Henry Troyat
Catalina de Rusia, Paul Mourousy 
Wikipedia



Imágenes: Internet Google