miércoles, 23 de enero de 2008

AMANTES DE PROFESIÓN: Madame Du Barry

Mme. du Barry, por Élisabeth-Louise Vigée Le Brun, 1781.


“Desde las calles miserables de una pequeña aldea, desde el convento donde las doncellas se entregaban a nobles como el Marqués de Sade, desde la protección de Madame Lagarde y desde los numerosos burdeles de París donde trabajó, Jeanne Becu -verdadero nombre de Madame Du Barry- edificó su futuro. Así, cada hombre, cada amante, cada encuentro apasionado fue un peldaño hacia el lujo y el poder que tanto ansiaba. Un ascenso, en el que el Conde Du Barry fue tan sólo el último escalón que le permitió llegar a los aposentos de Luis XV.”  Así reza la portada de uno de los muchos libros dedicados a la escandalosa historia de una mujer, que llegó a regir el destino de una monarquía, donde el libertinaje, la corrupción y las conspiraciones la abocaron a su propia destrucción.

Jeanne Becu había nacido en Vauculeurs, Mosa, y era hija de una pobre costurera y del Hermano Ángel, un monje descocado del parisino Convento Picpus. A pesar de su humilde condición había recibido una excelente educación y más tarde, su cercanía  a una familia de burgueses acomodados, le permitió adoptar los modales de la alta sociedad.

Dicen que Jean Du Barry, amigo del Duque Richelieu (y ambos enemigos de la finada Pompadour) fue el primer amante de la rubia preciosidad cuando ésta tenía 19 años,  y una vez aburrido de sus encantos, la prostituyó.
Por aquellos días los nobles cortesanos estaban ocupados en la ardua tarea de proveer una nueva favorita al caprichoso Luis, que no recuperaba la sonrisa a pesar de haber llevado a tres hermanas juntas a su real lecho. Pero lo realmente preocupante para Du Barry y Richelieu era la presencia del molesto Chouiseul, eterno adversario y ministro pro-austríaco de Luis XV, lastre de la favorita muerta.


Los acomodaticios y pragmáticos caballeros decidieron entonces que sólo una nueva amante, funcional a sus intereses, les proporcionaría el favor del Rey y la salida del ministro. Y le presentaron a Jeanne.

Un adecuado cotilleo, la exhibición de sus encantos y hasta quizá una taza de su célebre chocolate, la situaron inmediatamente en la alcoba versallesca, y Luis se enamoró como un adolescente.
Rápidamente se le concedió un título (para obtener un rango en la corte), fue casada con el hermano de su rufián y el 1 de Setiembre de 1768 es nombrada oficialmente Condesa Du Barry.


La nueva Comtesse - quien sólo quería alegrar al rey, disfrutar de las joyas, una considerable renta  y gastar dinero- se envolvió en dramáticas trifulcas políticas cuando intervino para provocar la caída de los ministros nombrados por la Pompadour y asegurar la promoción de sus benefactores. Conclusión: a pesar de sus esfuerzos por ganar simpatías, se hizo acreedora de muchos odios.

Chouiseul, despechado, se encargó de que todas las canciones picantes y los libelos pornográficos fueran dirigidos a Jeanne. Las hijas de Luis XV, Adelaida, Sophie y Victoria no cesaron de “despellejarla” sin piedad en la Corte y por si fuera poco una tal Maria Antonieta (quien le debía a Chouiseul  la concertación de su matrimonio con el futuro Luis XVI) le declaró abiertamente su aborrecimiento feroz a la nueva Favorita del Rey.


Mme. Du Barry, segura del amor de su soberano y terminada la fugaz intervención política, se dedicó alegremente a dar placer y dilapidar, tanto que dicen, arruinó el Tesoro con su avidez de vestuarios y objetos suntuosos. Y salvo la familia real, que la despreciaba, los miembros de la Corte comenzaron a disputar su atención y tratar de obtener su simpatía.
No ocurrió lo mismo con el pueblo: la opinión pública esperaba la muerte del viejo rey para liberarse de la más despreciable cortesana.

Cuando Luis XVI subió al trono, en 1774, la Du Barry debió ir al exilio por algún tiempo, y demás está decir que Maria Antonieta fue responsable.
Para 1776 sin embargo, la última favorita de Luis XV vuelve a las dulces colinas de Francia y se instala en Louveciennes, llevando una vida apacible y casi conyugal con dos aristócratas.

Si bien algunos historiadores indican que Du Barry curó indistintamente a monárquicos y republicanos tras los primeros motines de la Revolución de 1789, la humanitaria acción no conmovió a nadie. Tanto su fortuna y supuestas alianzas con los emigrados, como la condición de antigua amante del rey,  la convirtieron en enemiga de la revolución y  fue condenada a perder sus  bucles dorados.

Es curiosa la influencia de las cuestiones de alcoba, cuando la guillotina estuvo más activa que nunca (Período del Terror: 1791-1794) tratando de borrar las huellas del antiguo régimen, cae la cabeza de Maria Antonieta, la última reina… a pocas semanas de diferencia que la de Madame Du Barry, la última favorita.




Fuente: Wikipedia
Imágenes: Internet










Google