domingo, 9 de marzo de 2008

LA BRUJA: Hipatia de Alejandría


Era el siglo IV. Alejandría traspasaba un momento muy conflictivo, al igual que Roma, debido a que el cristianismo había adquirido mucho poder después que el Imperio Romano la adoptara.
La pugna de intereses y una violenta oposición entre el gobernador Orestes –defensor del imperio greco-romano-y  el poderoso obispo Cyril, había tensado los ánimos del pueblo egipcio.
Era una época de grandes controversias y disputas, y alrededor del 370 de nuestra era, vino al mundo Hipatia de Alejandría.

Su padre Teón era un célebre matemático y astrónomo, muy querido por sus contemporáneos y según se cree pudo ser el último director de Sarapeo (sucesora de la Gran Biblioteca quemada) Este sabio padre no sólo se dedicó a la ciencia y a sus discípulos, también participó a la propia hija de sus conocimientos, algo verdaderamente insólito para la época, y permitió que desarrollara sus dotes excepcionales.

Hipatia –cuyo nombre significa “la más grande” – creció en un ambiente académico y culto y aprendió desde muy pequeña, matemáticas y astronomía bajo la guía de su padre, llegando a superarlo según los historiadores. Se cree que lo ayudó a producir una nueva versión de los “Elementos de Euclides” y las once partes del comentario al Almagesto de Ptolomeo. Por su parte ella escribió los comentarios sobre la Arithmética de Diofanto, documentos como “"Sobre el Conon Astronómico de Diofanto"  (convertido en texto de consulta obligatoria para los astrónomos de su época), las Cónicas 2 de Apolonio y sobre los trabajos astronómicos de Ptolomeo. Aunque de su obra se conoce sólo una pequeña parte, el álgebra y la trigonometría desarrollados por ella fueron de tal nivel, que tardaría siglos superarlos. También aseguran que fue Hipatia quien construyó instrumentos científicos como el astrolabio y el hidroscopio.

Esta joven, cuya belleza excepcional y talento, comenzaban a ser legendarios, emprendió un viaje de estudios por Italia y  en Atenas, siguió los cursos de la Escuela Filosófica dirigida por Temistius, Plutarco el Joven y por su hija Asclepigenia.

A su regreso, en Alejandría se dedicó a enseñar Matemáticas, Astronomía, Filosofía y Mecánica a personas de todas las religiones, y estaba bien considerada tanto entre la comunidad cristiana como en las otras. Ocupó la cátedra de Filosofía de Plotino y adquirió el sobrenombre de “La Filósofa”. Estudiantes de todas partes de Europa, Asia y África venían a escuchar sus enseñanzas, dictadas con una calidez y énfasis muy inusual en los profesores,  y su casa se convirtió en un centro intelectual. Entre sus alumnos se contaban Silesio de Cirene, obispo de Ptolemaida, Hesiquio el Hebreo y el mismo Orestes, prefecto romano.

La muy hermosa erudita nunca se casó, y esto en su época era vituperable. También era pagana, en aquella ciudad que se iba haciendo cada vez más cristiana.

Era el 412 cuando el ortodoxo obispo Ciryl fue nombrado patriarca de Alejandría (título casi equivalente al de Papa, que se usaba en Alejandría, Constantinopla y Jerusalén) y este católico no estaba dispuesto a consentir ninguna clase de paganismo ni herejías.

Se dice que el hombre temía y admiraba a Hipatia a la vez, pero “no le era posible comprender ni tampoco consentir que una mujer se dedicase a la ciencia y menos aún a esa clase de ciencia que difícilmente podían comprender las personas que no eran eruditas en el tema.”. Y en consecuencia, creó un clima de odio y fanatismo hacia ella, acusándola de hechicera y bruja pagana.

Hipatia se negó a convertirse al cristianismo para salvar su vida, a pesar del miedo y los consejos de sus amigos, porque implicaba rechazar todo el conocimiento que había adquirido. Y en la cuaresma, en marzo del 415, fue asesinada.
Un grupo de cristianos exaltados la encontraron en el centro de Alejandría, cuando ella se dirigía a su trabajo; la golpearon, la desnudaron completamente y continuaron torturándola cortando su piel y cuerpo con caracolas afiladas hasta que murió. Luego descuartizaron su cuerpo y lo quemaron. Los asesinos estaban satisfechos de su santa labor: el cristianismo estaba a salvo.

El hirsuto patriarca Ciryl debió respirar con alivio. La Bruja Hipatia había muerto y con ella también morían Platón, Plotino, Porfirio, el pensamiento matemático griego y el interés por las ciencias.

Los responsables de la muerte no fueron castigados. La Biblioteca, el Museo y otras instituciones y templos de la cultura “pagana” fueron quemados, poco tiempo después.
Con la muerte de la peligrosa bruja, se terminó también la enseñanza del pensamiento de Platón, no sólo en Alejandría sino en el resto del Imperio. La Historia entró en el oscurantismo.

Y Ciryl fue canonizado y proclamado santo.
















Fuente y enlaces: Wikipedia
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