jueves, 6 de marzo de 2008

La Primera Dama: Livia Drusilla






“Augusto gobernaba el mundo, pero Livia gobernaba a Augusto”
Robert Graves


Cayo Julio César Augusto es considerado como el primero y más importante de los emperadores romanos. Mantuvo externamente las instituciones republicanas pero reinó como un autócrata durante más de 40 años. Acabó con un siglo de guerras civiles y dio a Roma la Pax Augusta, una era de prosperidad y grandeza imperial. Sin embargo, el Imperio hubiera sido otro sin la presencia de Livia, su esposa.

Livia Drusilla vino al mundo en el 58 a.C. “La pequeña drusa” era hija de un distinguido Patricio Romano, Marco Livio Druso Claudiano, de la gens Claudii, una de las más antiguas familias de Roma. A los quince años fue casada en primeras nupcias con su primo Tiberio Claudio Nerón, padre de sus dos hijos: Tiberio, el futuro emperador y Druso. Después de la Guerra Civil que siguió al asesinato de Julio César, el esposo de Livia estaba en el bando contrario a Octaviano; la familia sobrevivió a la persecución y se encontró con Augusto en el 39 a.C.

En aquellos tiempos Livia se encontraba embarazada de su segundo hijo y tuvo un augurio divino: cuando regresaba a Roma con su familia, un águila, el ave de Júpiter, dejó caer en su regazo una rama de laurel, fue un gran presagio. A los pocos días Octavio, el “princeps civium”, se enamoró de ella a primera vista, aunque también dicen que vio la oportunidad de unión con la gens Claudii.

Tiberio Claudio Nerón entregó su esposa embarazada a Octavio - era cuestión de supervivencia política – y el princeps se divorció de Escribonia, su primera esposa, rápidamente. Los sacerdotes aseguraban que los dioses no impedían el matrimonio de Livia y Octavio y las lenguas viperinas de la época saludaron a la nueva pareja con un verso en griego que decía “A los hombres dichosos les nacen hijos de tres meses”.

De cualquier modo, el matrimonio se mantuvo durante los siguientes 52 años, a pesar del hecho de que no tuvieron hijos, y ella siempre disfrutó del privilegio de ser la consejera de confianza de su esposo

Después del suicidio de Marco Antonio tras la batalla de Accio, en el 31 a.C. Octaviano no encontró más oposición a su poder. Siempre con Livia a su lado, fue nombrado Emperador de Roma y adoptó el título de Caesar Augustus.

Livia fue el paradigma de una matrona romana: no llevaba excesivas joyas ni vestidos pretensiosos, tejía sus túnicas y cuidaba de Augusto escrupulosamente para mantener su salud física y política. También escogía los amoríos de su esposo sin celos y por voluntad propia, entre las mujeres más jóvenes y hermosas. Según Tácito: “gobernó su casa con la santidad de las costumbres que se usaban antiguamente, aunque con mayor afabilidad y llaneza de lo que hubieran logrado las mujeres de aquellos tiempos.”

Era una mujer hermosa, según los textos antiguos, y muy inteligente. Construyó una imagen pública que idealizaba las cualidades femeninas romanas: honorable madre y esposa, y tuvo un efecto espectacular en el pueblo…y también en Augusto, quien la convirtió en su mano derecha.



La influencia de Livia sobre su marido fue aumentando con el paso del tiempo y autores como Tácito y Suetonio la definen como “Livia, enojosa madre de la República, y más enojosa madrastra de la casa de los Césares”, aún su bisnieto Cayo Calígula la llamó despectivamente “Ulises con faldas”, y algunos opinaros que era maligna, intrigante y sediciosa.

Ciertamente esta singular mujer condicionó las decisiones políticas y familiares de Augusto. Muy astutamente propició el engrandecimiento de su gens y tejió un denso entramado de parientes que influenciaría la opinión pública a favor de su primogénito e hijastro de Octavio: Tiberio.

Veló por su hijo con prudencia y cautela durante varios años y le enseñó los secretos del complicado y naciente sistema imperial, en otras palabras, lo educó para ser un emperador y también logró su investidura.

Si bien nunca hubo pruebas suficientes, Livia fue sospechosa del envenenamiento y muerte prematura de varios personajes, a quienes Augusto había adoptado como hijos, con la intención que fueran sus sucesores. Incluso Póstulo Agripa, un favorito de Augusto, fue encarcelado por conspiración y finalmente muerto.

Pero Livia terminaba “oliendo a flores” después de los rumores. Después de 52 años de la ideal relación de amor y política, Augusto murió en sus brazos. En su testamento la adoptó dentro de su familia, y se la llamó honoríficamente Augusta y perteneciente a la casa de los Julii.

Livia murió a los ochenta y seis años, en el año 29 d.C. Durante los primeros años del imperio de Tiberio, su hijo, la relación entre ellos se enfrió y se cree que en secreto éste veía a su madre como una rival que aspiraba a participar en el poder. Fue su bisnieto, Cayo Calígula quien en el año 41 d.C. le rindió los honores divinos y el elogio público que le negó su propio hijo.





Fuentes:

* Wikipedia.

* Cassius Dio, Historia romana, LVII, 12.

* Teoría Política : Livia: Amor, Política e Intriga. El origen de la Primera Dama. F. Barrientos







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