sábado, 7 de noviembre de 2009

La Zarina de las Musas





"Galarina" 1944


Helena Ivanovna Diakonova, conocida como Gala Eluard Dalí  ó simplemente Gala, nació el 7 de setiembre de 1894 en Kazan, Rusia, en el seno de una familia de intelectuales.
Gala fue uno de los personajes más fascinantes que surgieron en el mundo del arte europeo de entreguerras. Decían que era manipuladora, egoísta, patológicamente posesiva y una verdadera “devoradora de hombres”.También se ganó la definición de “Mujer violenta y esterilizada” en el “Diccionario Abreviado del Surrealismo” publicado en 1938.

Pero ¿qué podía tener esta mujer para seducir sin piedad a los hombres y mujeres que fueron sus amantes, y convertirse en una musa legendaria? Quizás el poeta francés Paul Eluard, su primer marido, supiera la respuesta. Gala lo conoció en Suiza y en 1917, los dos jóvenes llenos de pasión se casaron en París. El matrimonio vivió años intensos en la capital de las vanguardias artísticas y Eluard –inspirado por su joven esposa- y junto a André Breton, Max Ernst y Louis Aragon conformaron el grupo surrealista.


Gala fue la musa de Paul Eluard, pero el poeta fue quien convirtió a la joven virgen llegada de Rusia en una “femme fatale”. Le enseñó el amor libre, sin reservas ni moderaciones…y ella fue una alumna ejemplar.  Rápidamente pasó a la práctica con el mejor amigo de su marido, Max Ernst, quien dejó a su mujer e hijo y se fue a vivir con los Eluard.


Ernst, en un ímpetu creativo desacostumbrado y asombroso, inspirado por su musa Gala, comenzó a pintar todo lo que veía y no se salvaron muros y aún la puerta de la casa de Eaubonne donde vivían. El alegre y productivoménage à trois” duró algunos años hasta que Paul, algo cansado de hacerse el distraído, se fue a recorrer el mundo. Cuando se reconciliaron, Gala dejó muy claro que ella jamás negociaría con el amor libre que su marido le había inculcado y se dedicó a vivir una aventura amorosa tras otra, felizmente casada.

Un mítico verano de 1929, en Cadaqués, Gala y su marido conocen al joven pintor catalán Salvador Dalí. A los pocos días de conocerse Gala le dice a Dalí: “Ya no nos separaremos nunca más” y cumplió su palabra por 53 años.


"Ella sería mi Gradiva (la que avanza), mi diosa de la Victoria, mi mujer. Para ello era necesario que me curase. Y ella me curó gracias a la potencia indomable e insondable de su amor, en que la profundidad de pensamiento y la destreza práctica rebasaban los métodos psicoanalíticos más ambiciosos" "Gala me liberó de mi crimen y me curó de mi locura. ¡Gracias! ¡Quiero amarte! Te desposaré. Mis síntomas histéricos desaparecieron uno tras otro como por encantamiento y yo volvía a ser el dueño de mi sonrisa, de mi risa, de mis gestos. Una salud nueva brotaba como una rosa de mi cabeza", explicaba Dalí.


El amor de Salvador Dalí por Gala, diez años mayor que él, explotó entonces y lo convirtió en un romántico incurable. Para captar la atención de su amada se depilaba las axilas tiñéndoselas de azul, se untaba excremento de cabra y a veces se colocaba un geranio rojo en la cabeza. Su emoción era tan violenta que no podía reprimir la risa cuando le hablaba.


A partir de este encuentro, los dos personajes se confunden y fusionan. Nace el mito de Gala, la Musa. Dalí, más allá de su genialidad, era un hombre problemático, inseguro y desorganizado y esta mujer se convirtió en su intermediario, “entre el genio y el mundo real”, con una firmeza que nunca dejaría de impresionar al pintor.


Musa inspiradora, mujer, madre, amante, adivina, Gala fue el eje de la vida de Dalí. Despertó en él innumerables procesos creativos y actos irreverentes. Dicen que fue ella quien creó el “producto Dalí” y lo mercadeó convenientemente, siempre con la aprobación de su amante.
Fiel a sí misma y a su credo, tuvo numerosas relaciones extramatrimoniales, a las que su “petit Dalí” no se oponía, quizás fascinado por el “morbo del candaulismo” o quizás porque en ella encontró la razón para vivir y crear.


Helena Ivanovna Diakonova fue reina del amor libre, insaciable amante y musa, hasta casi los noventa años. Varias cirugías la mantuvieron con su piel tersa y estirada para atender adecuadamente a sus jóvenes adoradores en el castillo de Púbol, donde pasó los últimos años de vida, y al cual el artista –que se lo había regalado- sólo acudía cuando ella lo permitía.


El motivo de la omnipresencia de Gala en la obra de Dalí se explica en estas palabras: "¿No es una molécula de ADN garantía de inmortalidad? Ella es la célula monárquica por excelencia: cada mitad de un barrote está engarzado a su mitad correspondiente con toda exactitud, como Gala lo está a mí..."


La Zarina de las Musas no se fue en junio de 1982, el hombre que la amó y conoció más que nadie, sentenció: “…no está muerta, no morirá nunca”








Nota: Artìculo original publicado el 18-2-2008 




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