sábado, 31 de julio de 2010

LA DUSE



En la “heterogénea mitología que es la memoria de los hombres”(1) hay Mujeres que son recordadas sólo por su cercanía a personajes célebres masculinos. Es el caso de Eleonora Duse, poco más que la amante de Gabriele D`Annunzio para muchos. Sin embargo esta italiana supo ser la más célebre actriz de teatro de finales del siglo XIX y principios del XX y  también fue apodada “La Divina” como su contraparte francesa Sarah Bernhardt, con buenas razones.






Eleonora nació en 1858; en un impreciso lugar del norte de Italia y en un vagón de ferrocarril. Era hija de un par de cómicos itinerantes “figli d´arte” extremadamente pobres y se cuenta que tuvo una infancia triste y miserable. Por supuesto, nadie le preguntó si quería ser actriz y a los cuatro años fue puesta en las tablas, para representar a la pequeña Cosette, en una versión de Los Miserables de Hugo. A los catorce años –precisamente la misma edad de la amante de Verona- representó su  Julieta de Shakespeare. De allí en más la Duse se dedicó a fascinar. Fue Electra,  Desdémona en Otelo y se consagró con la Thérèse Raquin de Émile Zola.

Dicen que tenía tres marcadas cualidades: improvisaba maravillosamente, le imprimía a sus personajes absoluta naturalidad, una novedad en su tiempo, y sus “silenzi” eran maravillosos. Nuestra tragedia, quizá,  es la imposibilidad de percibir algo, un esbozo de su arte. No podemos conmovernos con su Margarita Gautier de “La Dama de las Camelias” por ejemplo;  y el encanto, la dulzura y la pasión que sus contemporáneos disfrutaron en el teatro.





Para 1894 se relacionó con el escritor D`Annunzio y a partir de ese momento se dedicó casi exclusivamente a interpretar obras de este autor como La Gioconda, Francesca da Rimini, La città morta, La antorcha bajo el almud. Es muy probable que el polémico autor y precursor del fascismo italiano la maltratara y ofendiera, y también es posible que este  hombre fuera su gran amor. Pero hoy sabemos que es un mito aquello de que Eleonora Duse sacrificara su carrera por Gabriele y muriera torturada por su recuerdo.

Muy por el contrario; en 1910 la Divina mandó a paseo a D´Annunzio cuando se involucró en asuntos políticos, recorrió Estados Unidos en tres ocasiones, llenó teatros, hizo temblar a la Bernhardt, y provocó fascinación interpretando a Ibsen  (Elida, en La dama del mar ; Hedda Gabler; Rebeca West, en Rosmersholm).


Es verdad, hoy no tenemos nada de Eleonora. Ninguna tecnología nos permite ver sus expresiones, escuchar sus palabras, disfrutar de su magia. Aquello que creó en el escenario, murió con ella en Pittsburgh un 21 de abril de 1924, después de su última actuación. Pero cuando miramos sus amarillentas fotos, nos agrada pensar que no sólo tuvo el patético honor de ser la amante de un hombre famoso. Le debemos quizás la emoción de una época, el recuerdo con nombre propio.








En nuestro audio:"Los Silencios de La Duse"




1) Borges



Fuentes:
Eleonora Duse – M. Fratti 1967
The mystic in the theatre: Eleonora Duse
Enlaces:
.Wikipedia
.Les Insolents
Imágenes: Internet






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