Audios MUJERES CON HISTORIA

viernes, 28 de marzo de 2008

LA MALA: Lilith







 
Lilith



John Collier (1892) Oil on canvas



Lilith es un fascinante personaje bíblico y de las ciencias ocultas. Según relata la literatura hebrea,  fue la primera esposa de Adán y estaba hecha con arcilla, igual que él.


Era una mujer muy hermosa, pero también “demasiado liberal”. Convencida de su igualdad con el hombre, lo primero que hizo fue quejarse de tener que yacer con Adán siempre debajo. “Fuimos creados iguales y debemos hacerlo en posiciones iguales” le decía a Dios, y cuando se cansó de no ser atendida, dio un portazo y se fue del Paraíso. Adán recibió entonces a Eva, su nueva compañera, creada a partir de una de sus costillas y mucho más disciplinada que su antecesora.

A partir de esta narración, Lilith fue considerada la Reina de los Súcubos (demonios femeninos) y se la ha supuesto posteriormente una perversa ninfómana, maestra seductora de hombres.
Convertida en la primera exiliada de la historia, Lilith (cuyo nombre en hebreo significa “viento” ó “espíritu”) es también la Reina de los Vampiros, porque no sólo mantiene relaciones sexuales con hombres, también los asesina y se alimenta de su sangre.


En la mitología clásica se asimila a diferentes divinidades y monstruos femeninos: Lamia, Empusa, diosa de la brujería, las harpías, las moiras o parcas, las grayas y las gorgonas, ancianas siniestras habitantes de los infiernos.
Otras referencias afines a Lilith se encuentran en la Brunilda de los Nibelungos o en la diablesa babilonia Lilu. El mito varía incluso hasta convertirla en seductora de los hijos de Adán y Eva, y asimilarla con la serpiente del paraíso (como en los frescos de Miguel Angel en la Capilla Sextina).

En astrología, Lilith es una Luna Negra, haciendo referencia a los “deseos ocultos y lados reprimidos de nuestra personalidad, experiencias dolorosas y rincones oscuros de nuestra psique”.

Lilith es la representación de la mujer emancipada, y quizás también, la primera luchadora por la libertad sexual y los derechos del género. Un ejemplo de cómo también en la mitología podemos encontrar las raíces del feminismo.






Google

domingo, 16 de marzo de 2008

Prostituta y Emperatriz: Teodora de Bizancio


 



 

 


Teodora de Bizancio conoció el Infierno y el Olimpo. De origen muy humilde, su niñez transcurrió en los fétidos subterráneos del Hipódromo, donde mendigó, fue actriz y se prostituyó.
Por circunstancias de esa vida azarosa, aprendió a leer, escribir y se instruyó sobre teología.
La valerosa e inteligente mujer se casó con Justiniano I y se convirtió en Emperatriz en el período de máximo esplendor del Imperio Bizantino.

En alguna parte, quizás en la isla de Creta, Siria o en las islas cercanas de la costa asiática de Turquía, nació Teodora, hija de Acacio. Los exegetas no se ponen de acuerdo respecto del año de su nacimiento, pero se estima que fue entre el 502 y el 508 d.C. Con la miseria y el hambre a cuestas, Teodora, sus padres y sus dos hermanas dejaron la aldea natal y marcharon hacia la Capital del Imperio Bizantino: Constantinopla.


Por aquellos tiempos, el Hipódromo era el centro vital donde competían cuadrigas, se exhibían animales exóticos y combatían gladiadores, y allí acudió en busca de trabajo el modesto Acacio. Logró un empleo como domador de osos que le permitió sacar a su familia de la miserable situación por algunos años, pero murió dejando a la prole en penosas necesidades. Fue entonces cuando la viuda decidió reunir a sus tres hijas, colocó guirnaldas en sus cabezas y las convirtió en “suplicantes” que deambulaban por los siniestros subterráneos del Hipódromo mendigando y sufriendo las más bajas pasiones humanas.


En la Constantinopla del siglo VI, había sólo dos opciones para las niñas muy pobres: la prostitución ó el teatro, y ambas estaban muy ligadas.
Cuando Teodora llega a los diez años comienza a incursionar en el teatro junto a sus hermanas más grandes, pero al poco tiempo provoca el asombro del público. Sin haber alcanzado la pubertad, o saber al menos tocar una flauta o el arpa,  y aún con su cuerpo esmirriado, la inteligente jovencita había descubierto cómo provocar a los hombres. Cubierta sólo con un taparrabos, se contorsionaba y contaba los chistes obscenos, aprendidos en los subterráneos. Era pésima actriz, pero a nadie le importaba.


Un día ideó el número que la acercó a las puertas de la fama: se presentó en el escenario con su habitual poca ropa y unos esclavos esparcieron sobre su cuerpo granos de cebada. Luego, un grupo de gansos fue soltado para que comieran del cuerpo de la joven, que comenzó a moverse sensualmente, transmitiendo inequívocos mensajes sexuales al auditorio, que aulló de emoción. A partir de ese día, Teodora se hizo famosa, porque además de bailar y contar chistes, era también capaz de satisfacer plenamente a los hombres, y a los dieciséis años, se había convertido en la prostituta mejor pagada y celebrada de Constantinopla.

Sin embargo, y cuando estaba ganando más dinero, la famosa prostituta se enamoró de uno de sus pretendientes, un tal Ecebolo, recientemente nombrado gobernador de Pentápolis. Sin pensar demasiado, descolgó su chapa de meretriz y se fue con él a tan remoto lugar, en calidad de amante oficial. Era la gran oportunidad para cambiar su vida.

El idilio duró unos tres años, luego de los cuales el bizantino la dejó sola y embarazada en el remoto Egipto.
Desengañada y triste, tuvo su hijo, lo dio en adopción a una familia en Pentápolis y siguió dando tumbos de lecho en lecho, hasta que llegó a la brillante Alejandría. Allí conoció a Severo, quien lejos de ser un viejo libidinoso, era líder de la secta cristiana de los monofisos (que defendían la divinidad exclusiva de Jesucristo) y un hombre de gran sabiduría. Por primera vez en su vida, la joven ramera pudo hablar sobre sus pecados, sufrimientos y humillaciones, y sus ideales y sueños, ante un hombre que no deseaba su cuerpo. Y esta doctrina cambió su vida por completo.
Después de un largo y agobiante viaje de regreso a Constantinopla, no volvió a prostituirse. Trabajó como hilandera, en un taller cercano al palacio donde vivía Justiniano, sobrino del emperador Justino y heredero del trono bizantino.


Fue una antigua amiga suya, amante del hombre de confianza de Justiniano, quien decidió presentar la hermosa Teodora al hombre más codiciado del Imperio.
Justiniano era un fiel bizantino de su época, fanático cristiano. Había tenido miles de amantes y era amigo de todos los placeres…y cuando conoció a Teodora, ocurrió lo imprevisible: se enamoró como un loco de la que alguna vez había sido la mejor ramera de Constantinopla.

Casi instantáneamente Teodora y Justiniano se convirtieron en amantes. Y para regodeo de los comunes mortales que habían poseído a la mujer, al muy poco tiempo fue elevada por su hombre a la dignidad de “patricia”. Este título permitió también un placer muy especial para Teodora: ocupar el palco de las mujeres nobles en el Hipódromo. Muy atrás habían quedado esos subterráneos donde mendigó como “suplicante”.
Pero todo lo conseguido no era suficiente para ella, quería dignidad para su amor y ser la esposa de Justiniano, pero la ley era tajante: las prostitutas, sirvientas y artistas de teatro no podían casarse con nobles. En tres ocasiones les fue negado el matrimonio, sobre todo por las intrigas de la tía de Justiniano (arpía fabulosa llamada Lupino), pero finalmente los amantes contrajeron nupcias en una ceremonia privada.
Tres años más tarde fallece Justino, el emperador. Justiniano asume entonces todas las funciones del “Basileus” a los 45 años, y Teodora, a sus 27, se convierte en la emperatriz consorte. Era el 4 de abril de año 527.

Muy lejos del pensamiento general, Teodora no había llegado al trono para ser ornamento, por muy bella que fuera, o dedicarse a relajadas tareas mundanas, había llegado para gobernar y convertirse en una de las mujeres más influyentes de la historia.
Teodora aportó sus propias ideas al Corpus Juris Civilis, la inmensa obra legislativa elaborada por Justiniano. En el tratado aparecen leyes inspiradas por ella, que defendían la igualdad de la mujer, el derecho al divorcio, la prohibición de castigos por adulterio, el reconocimiento hacia los hijos bastardos y sus derechos a la herencia, penas para los violadores, la prohibición de la prostitución forzosa, la pena de muerte por violación y la persecución del proxenetismo, que había estado hasta entonces protegido por la ley.


Los historiadores ven en el Corpus Juris Civilis “la mano, el cerebro y el corazón de Teodora”. Junto a las leyes, la otrora ramera comenzó una intensa y eficaz campaña para erradicar la prostitución. Creó planes de rescate y rehabilitación para otros oficios,  destinado a las jóvenes meretrices. Eran tiempos en los que los hombres cometían todo tipo de abusos, apaleaban, engañaban y repudiaban a sus mujeres. Y Teodora les brindó herramientas para cambiar esta situación. A partir de la iniciativa de la emperatriz se podían presentar quejas contra marido, padre ó hermano y tener la seguridad de que el agravio no quedaría impune.  En muchos casos, se necesitarían más de 1500 años para igualar lo alcanzado por esta increíble mujer.


Se dice que Justiniano confiaba absolutamente en el juicio de su esposa, y comenzó a escoger asesores de origen humilde y de gran probidad, dejando de lado a los nobles tradicionales en estos cargos. Seguramente fue en esos tiempos en los que Teodora se ganó el encono de su enemigo jurado, Procopio.
El historiador y jurista Procopio arremetió con todo el poder de sus letras contra Teodora, enrostrándole su pasado y acusándola de manipular a Justiniano con comentarios tan escandalosos que hoy carecen de credibilidad.

La valentía y sangre fría de la insigne emperatriz quedó demostrada como nunca en la revuelta de Nika, cuando las turbas violentas se hicieron cargo de Constantinopla, reclamando por los impuestos y excesos de funcionarios imperiales. Se dice que fue Teodora, no Justiniano quien aplastó la rebelión, contradiciendo a su propio e insigne marido, quien quería abandonar la ciudad. También se cuenta que era esta mujer quien dirigía al general Belisario en las batallas difíciles.

A pesar de su vida disoluta (Procopio la denomina pornográfica y amante de las orgías) Teodora fue proclamada santa por la Iglesia ortodoxa.

Un fulminante cáncer de mama apagó la vida de Teodora en el 548, cuando apenas tenía 40 años y tras su muerte el reinado de Justiniano entró en el más absoluto declive.

Se puede decir que cuando Teodora fue ramera, supo ser la mejor. Y cuando fue emperatriz, superó al emperador.


Fuentes:
Wikipedia
“La cara oculta de los grandes de la historia”
J.M.González Cremona
“Teodora” M. Vega
Imágenes: Internet. La emperatriz Teodora en un mosaico de San Vital, en Rabean. Google

domingo, 9 de marzo de 2008

LA BRUJA: Hipatia de Alejandría



 

Era el siglo IV. Alejandría traspasaba un momento muy conflictivo, al igual que Roma, debido a que el cristianismo había adquirido mucho poder después que el Imperio Romano la adoptara.
La pugna de intereses y una violenta oposición entre el gobernador Orestes –defensor del imperio greco-romano-y  el poderoso obispo Cyril, había tensado los ánimos del pueblo egipcio.
Era una época de grandes controversias y disputas, y alrededor del 370 de nuestra era, vino al mundo Hipatia de Alejandría.

Su padre Teón era un célebre matemático y astrónomo, muy querido por sus contemporáneos y según se cree pudo ser el último director de Sarapeo (sucesora de la Gran Biblioteca quemada) Este sabio padre no sólo se dedicó a la ciencia y a sus discípulos, también participó a la propia hija de sus conocimientos, algo verdaderamente insólito para la época, y permitió que desarrollara sus dotes excepcionales.

Hipatia –cuyo nombre significa “la más grande” – creció en un ambiente académico y culto y aprendió desde muy pequeña, matemáticas y astronomía bajo la guía de su padre, llegando a superarlo según los historiadores. Se cree que lo ayudó a producir una nueva versión de los “Elementos de Euclides” y las once partes del comentario al Almagesto de Ptolomeo. Por su parte ella escribió los comentarios sobre la Arithmética de Diofanto, documentos como “"Sobre el Conon Astronómico de Diofanto"  (convertido en texto de consulta obligatoria para los astrónomos de su época), las Cónicas 2 de Apolonio y sobre los trabajos astronómicos de Ptolomeo. Aunque de su obra se conoce sólo una pequeña parte, el álgebra y la trigonometría desarrollados por ella fueron de tal nivel, que tardaría siglos superarlos. También aseguran que fue Hipatia quien construyó instrumentos científicos como el astrolabio y el hidroscopio.

Esta joven, cuya belleza excepcional y talento, comenzaban a ser legendarios, emprendió un viaje de estudios por Italia y  en Atenas, siguió los cursos de la Escuela Filosófica dirigida por Temistius, Plutarco el Joven y por su hija Asclepigenia.

A su regreso, en Alejandría se dedicó a enseñar Matemáticas, Astronomía, Filosofía y Mecánica a personas de todas las religiones, y estaba bien considerada tanto entre la comunidad cristiana como en las otras. Ocupó la cátedra de Filosofía de Plotino y adquirió el sobrenombre de “La Filósofa”. Estudiantes de todas partes de Europa, Asia y África venían a escuchar sus enseñanzas, dictadas con una calidez y énfasis muy inusual en los profesores,  y su casa se convirtió en un centro intelectual. Entre sus alumnos se contaban Silesio de Cirene, obispo de Ptolemaida, Hesiquio el Hebreo y el mismo Orestes, prefecto romano.

La muy hermosa erudita nunca se casó, y esto en su época era vituperable. También era pagana, en aquella ciudad que se iba haciendo cada vez más cristiana.

Era el 412 cuando el ortodoxo obispo Ciryl fue nombrado patriarca de Alejandría (título casi equivalente al de Papa, que se usaba en Alejandría, Constantinopla y Jerusalén) y este católico no estaba dispuesto a consentir ninguna clase de paganismo ni herejías.

Se dice que el hombre temía y admiraba a Hipatia a la vez, pero “no le era posible comprender ni tampoco consentir que una mujer se dedicase a la ciencia y menos aún a esa clase de ciencia que difícilmente podían comprender las personas que no eran eruditas en el tema.”. Y en consecuencia, creó un clima de odio y fanatismo hacia ella, acusándola de hechicera y bruja pagana.

Hipatia se negó a convertirse al cristianismo para salvar su vida, a pesar del miedo y los consejos de sus amigos, porque implicaba rechazar todo el conocimiento que había adquirido. Y en la cuaresma, en marzo del 415, fue asesinada.
Un grupo de cristianos exaltados la encontraron en el centro de Alejandría, cuando ella se dirigía a su trabajo; la golpearon, la desnudaron completamente y continuaron torturándola cortando su piel y cuerpo con caracolas afiladas hasta que murió. Luego descuartizaron su cuerpo y lo quemaron. Los asesinos estaban satisfechos de su santa labor: el cristianismo estaba a salvo.

El hirsuto patriarca Ciryl debió respirar con alivio. La Bruja Hipatia había muerto y con ella también morían Platón, Plotino, Porfirio, el pensamiento matemático griego y el interés por las ciencias.

Los responsables de la muerte no fueron castigados. La Biblioteca, el Museo y otras instituciones y templos de la cultura “pagana” fueron quemados, poco tiempo después.
Con la muerte de la peligrosa bruja, se terminó también la enseñanza del pensamiento de Platón, no sólo en Alejandría sino en el resto del Imperio. La Historia entró en el oscurantismo.

Y Ciryl fue canonizado y proclamado santo.
















Fuente y enlaces: Wikipedia
Imágenes: Internet Google

jueves, 6 de marzo de 2008

La Primera Dama: Livia Drusilla





“Augusto gobernaba el mundo, pero Livia gobernaba a Augusto”
Robert Graves


Cayo Julio César Augusto es considerado como el primero y más importante de los emperadores romanos. Mantuvo externamente las instituciones republicanas pero reinó como un autócrata durante más de 40 años. Acabó con un siglo de guerras civiles y dio a Roma la Pax Augusta, una era de prosperidad y grandeza imperial. Sin embargo, el Imperio hubiera sido otro sin la presencia de Livia, su esposa.

Livia Drusilla vino al mundo en el 58 a.C. “La pequeña drusa” era hija de un distinguido Patricio Romano, Marco Livio Druso Claudiano, de la gens Claudii, una de las más antiguas familias de Roma. A los quince años fue casada en primeras nupcias con su primo Tiberio Claudio Nerón, padre de sus dos hijos: Tiberio, el futuro emperador y Druso. Después de la Guerra Civil que siguió al asesinato de Julio César, el esposo de Livia estaba en el bando contrario a Octaviano; la familia sobrevivió a la persecución y se encontró con Augusto en el 39 a.C.

En aquellos tiempos Livia se encontraba embarazada de su segundo hijo y tuvo un augurio divino: cuando regresaba a Roma con su familia, un águila, el ave de Júpiter, dejó caer en su regazo una rama de laurel, fue un gran presagio. A los pocos días Octavio, el “princeps civium”, se enamoró de ella a primera vista, aunque también dicen que vio la oportunidad de unión con la gens Claudii.

Tiberio Claudio Nerón entregó su esposa embarazada a Octavio - era cuestión de supervivencia política – y el princeps se divorció de Escribonia, su primera esposa, rápidamente. Los sacerdotes aseguraban que los dioses no impedían el matrimonio de Livia y Octavio y las lenguas viperinas de la época saludaron a la nueva pareja con un verso en griego que decía “A los hombres dichosos les nacen hijos de tres meses”.

De cualquier modo, el matrimonio se mantuvo durante los siguientes 52 años, a pesar del hecho de que no tuvieron hijos, y ella siempre disfrutó del privilegio de ser la consejera de confianza de su esposo

Después del suicidio de Marco Antonio tras la batalla de Accio, en el 31 a.C. Octaviano no encontró más oposición a su poder. Siempre con Livia a su lado, fue nombrado Emperador de Roma y adoptó el título de Caesar Augustus.

Livia fue el paradigma de una matrona romana: no llevaba excesivas joyas ni vestidos pretensiosos, tejía sus túnicas y cuidaba de Augusto escrupulosamente para mantener su salud física y política. También escogía los amoríos de su esposo sin celos y por voluntad propia, entre las mujeres más jóvenes y hermosas. Según Tácito: “gobernó su casa con la santidad de las costumbres que se usaban antiguamente, aunque con mayor afabilidad y llaneza de lo que hubieran logrado las mujeres de aquellos tiempos.”

Era una mujer hermosa, según los textos antiguos, y muy inteligente. Construyó una imagen pública que idealizaba las cualidades femeninas romanas: honorable madre y esposa, y tuvo un efecto espectacular en el pueblo…y también en Augusto, quien la convirtió en su mano derecha.



 

La influencia de Livia sobre su marido fue aumentando con el paso del tiempo y autores como Tácito y Suetonio la definen como “Livia, enojosa madre de la República, y más enojosa madrastra de la casa de los Césares”, aún su bisnieto Cayo Calígula la llamó despectivamente “Ulises con faldas”, y algunos opinaros que era maligna, intrigante y sediciosa.

Ciertamente esta singular mujer condicionó las decisiones políticas y familiares de Augusto. Muy astutamente propició el engrandecimiento de su gens y tejió un denso entramado de parientes que influenciaría la opinión pública a favor de su primogénito e hijastro de Octavio: Tiberio.

Veló por su hijo con prudencia y cautela durante varios años y le enseñó los secretos del complicado y naciente sistema imperial, en otras palabras, lo educó para ser un emperador y también logró su investidura.

Si bien nunca hubo pruebas suficientes, Livia fue sospechosa del envenenamiento y muerte prematura de varios personajes, a quienes Augusto había adoptado como hijos, con la intención que fueran sus sucesores. Incluso Póstulo Agripa, un favorito de Augusto, fue encarcelado por conspiración y finalmente muerto.

Pero Livia terminaba “oliendo a flores” después de los rumores. Después de 52 años de la ideal relación de amor y política, Augusto murió en sus brazos. En su testamento la adoptó dentro de su familia, y se la llamó honoríficamente Augusta y perteneciente a la casa de los Julii.

Livia murió a los ochenta y seis años, en el año 29 d.C. Durante los primeros años del imperio de Tiberio, su hijo, la relación entre ellos se enfrió y se cree que en secreto éste veía a su madre como una rival que aspiraba a participar en el poder. Fue su bisnieto, Cayo Calígula quien en el año 41 d.C. le rindió los honores divinos y el elogio público que le negó su propio hijo.





Fuentes:

* Wikipedia.

* Cassius Dio, Historia romana, LVII, 12.

* Teoría Política : Livia: Amor, Política e Intriga. El origen de la Primera Dama. F. Barrientos







Google

domingo, 2 de marzo de 2008

AMANTES DE PROFESIÓN: Madame de Montespan






Escultural y voluptuosa. Con piel de durazno, ojos color miel y una flamígera cabellera repleta de bucles, bien pudo ser la bomba sexual de su época: Madame de Montespan 



Françoise Athénaïs de Rochechouart de Mortemart  fue bella desde que llegó al mundo, en el castillo de Lussac-les-Châteaux, un 5 de octubre de 1640. Era la hija mimada del Duque de Mortemart y Diana de Grandseigne.  Siendo apenas una adolescente -que gustaba de la lectura, la política y el ajedrez- sus padres la casaron con el muy feo marqués de Montespan, con quien tuvo dos hijos y un apellido, que su portadora convirtió en leyenda: Madame de Montespan.

Cuando la sexy pelirroja llegó a la Corte de Luis XIV como dama de compañía de la reina Maria Teresa de Austria, todos los ojos se posaron en ella, especialmente los del Rey Sol.  Por aquellos tiempos Luis estaba aburrido. La Reina rezaba todo el día y Luisa de la Valliere, su favorita, le profesaba un tipo de amor meloso, abnegado y desinteresado, más propio de una esposa, que de una amante. Y este poderoso hombre, que incrementó el poder y la influencia francesa en Europa, combatió en tres grandes guerras y fue el prototipo de la monarquía absoluta… necesitaba pasión. Y aunque había jurado –era muy creyente hasta entonces- no coquetear con mujeres casadas, le fue imposible ignorar a Madame de Montespan, "belleza que debe ser mostrada a todos los embajadores", decía.

Athénaïs por su parte, decidió conquistar al rey desde un primer momento y usó para esta empresa todas sus armas femeninas. Se ganó la confianza de la reina haciendo comentarios agrios sobre Luisa de Valliere y a su vez, fingió hacerse amiga de la favorita. Muy segura de su espléndida belleza, hacía bromas sobre los enamorados que la codiciaban en Versalles, pero decía que solo podía serle fiel a su marido. Finalmente el paciente y astuto despliegue de seducción dio sus frutos y Le Roi Soleil sucumbió a los encantos de Madame de Montespan, y la convirtió en su amante.

La Reina Teresa bostezó con tristeza, la Valliere apenas protestó y aceptó mansamente un ducado, pero el marqués de Montespan puso el grito en el cielo. Estaba francamente indignado porque el rey se fuera al lecho con su esposa y armó un escándalo. Dicen que se vistió de negro, forró de oscuro su carruaje y colocó unos cuernos de toro sobre el coche para que todos se enteraran de su afrenta. Incluso se cuenta que hizo un funeral burlesco para sepultar su honra marital. Luis XIV respondió haciendo arrestar al hombre y lo exilió en una hacienda, pero no tomó mayores medidas contra el ultrajado rival.


Madame de Montespan se convirtió entonces en la maîtresse en titre oficial, con todos los honores y odios que acarreaba el ansiado título. Luis pagó sus deudas, le compró propiedades y joyas y le dio una vida de reina. También nombró a su padre como gobernador de París.

La ambición de la Montespan, rodeada de lujos y una corte brillante, crecía junto a su inseguridad: el rey compartía su lecho pero cohabitaba con su antigua amante, incluso nunca dejó de visitar la cama de su esposa Maria Teresa.

Las tres mujeres (cuando Luis se fue a batallar a Flandes, llegaron a coincidir en el mismo carruaje, para bochorno de la reina) no ahorraban comentarios cáusticos y mordaces entre ellas, pero decididamente siempre la más burlona y despiadada fue la Montespan.

Después de parir siete hijos del rey y haber legitimado a todos, la obesidad se fue adueñando de su hermoso cuerpo. Los cronistas aseguran que al darse cuenta de que el monarca ya no estaba encandilado con ella, la Montespan recurrió a la magia negra para tratar de retener a su hombre. Madame La Voisin, una bruja abortera le consiguió filtros de amor, venenos y hasta hizo que se celebraran misas negras sobre su cuerpo desnudo a medianoche. Cuando Luis se enteró que su favorita le había dado peligrosos afrodisíacos –que le provocaron fuertes ventosidades y nada más- no quiso continuar su relación con Athénaïs, temiendo por su vida y la de sus hijos. No la exilió de la corte y le permitió conservar sus posesiones, pero jamás volvió a su cama.

Madame de Montespan siguió con su ritmo de vida, ofreciendo grandes fiestas, aún siendo una viejita gordezuela y de plateados cabellos. Nada quedaba de la mujer astuta y caprichosa, verdadera leyenda sexual, que supo cautivar a uno de los reyes más poderosos de la historia.

...Curiosamente, la mujer que ella había elegido como institutriz de sus hijos, Madame de Maintenon , sería el gran amor de Luis XIV, y se casaría con él en una boda morganática.



Google