miércoles, 3 de diciembre de 2008

“The Great American Love Goddess"





Ella supo desnudarse…sin desvestirse. De hecho sólo le bastó quitarse muy lentamente  los guantes para desatar una tormenta de sensualidad en los espectadores. Y también un escándalo, cuando la Iglesia desaprobó la escena y  consideró como “gravemente peligroso” su “osado strip tease del brazo” en Gilda.

Si a la tímida e introvertida Margarita Cansino le hubieran avisado que se convertiría en una leyenda de Hollywood, no lo hubiera creído. Tenía el tipo latino –que por entonces no estaba de moda- cabellos negros, frente angosta, naríz ancha y estaba excedida de peso. Eso sí, bailaba como una diosa.

Cuando un cazatalentos la descubrió, los directores de Columbia Pictures la obligaron a adelgazar, a practicarse una rinoplastia y lo más doloroso, las sesiones de electrólisis para ampliarle la frente. Luego le tiñeron el pelo de negro a castaño y más adelante a pelirrojo y voilá…había nacido la estrella más brillante de la época dorada del cine americano, la bomba erótica: Rita Hayworth.

La “puesta a punto” estética, desde luego no fue todo. Su enorme talento artístico y esas cualidades como bailarina (que eclipsarían al mítico Fred Astaire) la llevaron desde papeles secundarios hasta “Blood and Sand“(Sangre y Arena), la película que significó su lanzamiento como sex simbol indiscutible de las décadas cuarenta y cincuenta. El despegue de su carrera y  su fama como “The Great American Love Goddess” coincidió con el inicio de la II Guerra Mundial y los soldados la convirtieron en una de las “pin up girls” más populares de la historia. Pero fue al terminar la guerra cuando Rita conseguiría el inmortal papel en “Gilda” y al son de “Put the Blame on Mame” y luego de intercambiar un par de bofetones de ida y vuelta con Glenn Ford, la mujer fatal marcaría la vida de Hayworth.

Su célebre imagen tapizó casilleros,  barracones, submarinos y estuvo pintada en el avión que lanzó la bomba nuclear en un ensayo sobre las islas Bikini, algo que indignó a la pacifista actriz. Rita se casó cinco veces: la primera con Edward Judson, quien la lanzó al estrellato, y también con Orson Welles, con el actor Dick Haymes y con James Hill. Pero su matrimonio más glamoroso fue con el príncipe Ali Kahn, un sibarita, seductor y descendiente directo de Fátima, la hija de Mahoma. Este Príncipe Azul le dio a la plebeya neoyorquina, una boda en la costa azul francesa, una hija, marfil, oro, perlas y las infidelidades que terminaron en divorcio. También la convirtió en la primera actriz en ser princesa,  antes que Grace Kelly.


“Los hombres se enamoran de Gilda y se acuestan con Gilda... y al día siguiente se despiertan conmigo”.

La diosa del amor ciertamente fue –en sus palabras- “un producto de la máquina infernal de Hollywood”,  la mujer más deseada de su época y una de las bellezas más deslumbrantes… aunque los hombres de su vida no la hicieron feliz. Finalmente el penoso Alzheimer barrió con todos sus recuerdos, buenos y malos y murió el 14 de mayo de 1987, a los 68 años.

Pero la  memoria colectiva sin embargo, no olvida a la Pelirroja, a Salomé, La Dama de Shangai, y sobre todo a Gilda con el cabello rizado, la voz insinuante, el vestido negro y...  aquel guante. 




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Imagen: Internet Google