martes, 31 de marzo de 2009

La Musa del Ultraísmo: Norah Lange



“No me dejes sola frente a los ceniceros, a la mesa, a los libros abiertos, al ajedrez en su estuche, porque todo está allí esperando tu ausencia para vigilar mi asombro”
Norah Lange

Norah Lange anidó en la imaginación de los jóvenes escritores ultraístas de la Generación del 22 en Argentina. La única presencia femenina en una nómina de cuarenta y cinco masculinos, fue una sirena adolescente, el “Angelnorahcustodio” para el poeta Oliverio Girondo, la desdeñosa Solveig Amundsen en "Adán Buenosayres" de Leopoldo Marechal… ¿el gran amor de Jorge Luis Borges?



Una de las cinco hijas mujeres del ingeniero noruego, que vivió en Mendoza y luego en la famosa casa del barrio de Belgrano en Buenos Aires, cautivó a los hombres de letras en las tertulias literarias con su cabellera roja y un humor irreverente e irreprimible.


Más frecuentemente vista como objeto de escritura que como escritora, Norah fue sin embargo la narradora y poetisa argentina que se destacó por romper el canon de que las mujeres no debían escribir prosa, tuvo una perturbadora voz propia y escribió uno de los más bellos libros de memorias infantiles de la literatura latinoamericana “Cuadernos de Infancia” (1937)




Últimamente se han reeditado sus obras completas….pero una insólita popularidad actual, se la debe a Edwin Williamson, el inglés que en 2006 publicó la nueva biografía de Jorge Luis Borges “Borges, una vida”. En este controvertido, aunque popular texto, el nombre de Norah Lange es obstinado para el autor. Según el biógrafo, esta mujer fue el amor de la vida de Borges y signó vida y obra del autor de El Aleph.

Jorge Luis Borges prologó el primer libro de Norah “La calle de la Tarde”, acaso porque la supo antes que nadie, acaso porque esta Musa le inspirara “…el nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo”. Seguramente porque admirar y amar, son parientes cercanos y para bien o mal Norah estuvo presente en la imaginación del Poeta Ciego.



(...) Cerré la ventana y sentí que algo permaneció encerrado dentro del cuarto. Abrí la ventana, pero no quiso salir; tal vez no pudo salir. La cerré, volví a abrirla de par en par. Fue inútil. Todo seguía igual. No quería salir. Se quedaba dentro, sin moverse. (...) Cerré la ventana, impacientemente, sin ninguna benevolencia, con esa crueldad transitoria e incomprensible, pero muy verdadera, que suele sobrevenir cuando nada nos vigila. Y eso que encerré adentro se pasó toda la noche mirándome."
"Antes que mueran" Norah Lange











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