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lunes, 30 de septiembre de 2013

Mrs. Hemingway


La mujer de París; la elegante y rica corresponsal de Vogue y custodia del refugio en Key West; la rubia impetuosa que no quería ser pie de página y la “cuarta” y albacea literaria, se casaron con él. 

Elizabeth Hadley Richardson, Pauline Pfeiffer, Martha Gellhorn y Mary Welsh, cada una a su turno, dijeron Sí, quiero y se embarcaron en una singular aventura junto a Hem. Todas encontraron la cama tibia y el perfume de otra; todas chocaron con el ego, la arrogancia y las obsesiones del pésimo esposo y gran escritor; todas pretendieron ser el gran amor. 

Una de ellas ocupó la memoria y el corazón del pescador en la recta final, “antes de mirar por sobre el mar y darse cuenta de cuán solo se encontraba”(1)

miércoles, 11 de abril de 2012

La muerte en 3 actos de Sylvia Plath


“Morir es un arte, como cualquier otra cosa./Yo lo hago excepcionalmente bien./Lo hago por sentirlo hasta las heces./Lo hago para sentirlo real./Podemos decir que poseo el don./Es fácil ejecutarlo en una celda./Es muy fácil hacerlo y guardar la compostura./Es teatral.”
Sí, la muerte había parasitado su alma...

Sylvia Plath comenzó a morir un poco a los diez años, cuando falleció su padre, el Daddy del controversial poema. A los veinte, fracasó en un intento de quitarse la vida y fue recluida en un psiquiátrico, de donde salió, según dijo: “remendada, reparada y con el visto bueno para volver a la carretera” (1) Finalmente, un helado 11 de febrero londinense de 1963, la brillante escritora y poetisa estadounidense de treinta años, se suicidó en un acto premeditado y meticulosamente organizado. “Esta es la número Tres./Qué desperdicio/Eso de aniquilarse cada década”. 

Para algunos fue una víctima, del mundo machista, del padre, del marido infiel que la abandonó; de su psique encarcelada en un trastorno bipolar. Para otros, Sylvia fue una poeta confesional maldita, loca y resentida que hizo un culto de la anti-belleza en sus letras. En 
la actualidad, muchos recuerdan a Plath como un símbolo del feminismo, la rompedora del modelo femenino american dream; una mujer desencantada de la época burguesa y patriarcal que le tocó en suerte, de su país, de su familia, de los hombres… A la manera de Woolf y su amiga Sexton, Tsvetáyeva o Pizarnik, Plath decidió bajar el telón de su vida ¿una tragedia en tres actos? y entrar en la leyenda.


(1) Tan bueno que se graduó summa cum laude  con una tesis sobre la doble personalidad en las novelas de Dostoievski.

 Fuentes:
. Chapman, Lynne F. Plath, Sylvia. Sylvia Plath. Voices in poetry. The Creative Company, 1994
 .  American Poems. 
.  Sylvia Plath page

. Google

viernes, 29 de julio de 2011

Bessie, el blues



Bessie Smith
1894-1937

En el principio fue la Voz…mezcla de cantos africanos tradicionales y religiosos, el sonido de los esclavos en los campos de cultivo, lo único que no podía ser arrebatado.


La voz, primer instrumento del blues, fue prodigiosa en Bessie Smith. Comenzó a cantar por unas monedas en las calles de Chattanooga a los siete años “Deja que cante tu alma” le aconsejó Ma Rainey, y la niña hizo caso. Los blues salían de su alma naturalmente, con tristezas y melancolías propias y las heredadas de siglos de esclavitud, marginación y miseria. Trabajó duro, arribó a Nueva York “alta, gorda y mortalmente asustada” según dijo, dudando de sí misma y se convirtió en un éxito sin precedentes. Jamás hasta entonces,una artista afroamericana había conocido semejante esplendor y el blues que tantas reinas tuvo y tendría, la coronó como su única emperatriz. Grabó entre muchos, con Louis Armstrong, Fletcher Henderson, Coleman Hawkins y Benny Goodman, músicos que la adoraban. 
Ganó fortunas y las dilapidó. Su afición a la bebida, los tormentosos romances  
con hombres y mujeres y su extremada generosidad, la dejaron nuevamente con los bolsillos vacíos.
Bessie, la cantante que no usaba micrófonos porque su poderosa voz de contralto no los necesitaba, fue genial, fascinante, vulnerable, tierna y a veces violenta. Murió en 1937, luego de un accidente automovilístico y su tumba no tuvo lápida hasta 1970, cuando la compró, poco antes de su propia muerte, una ferviente admiradora de biografía azarosa: Janis Joplin. “Bessie me mostró el aire y me enseñó cómo llenarlo” aseguró Janis, esa otra voz que como Bessie, seguirá cantando por siempre.



En memoria de la blusera blanca Amy Winehouse, otra vida y talento al límite. 

Fuentes: 
Scott, Michelle R. Blues empress in black Chattanooga: Bessie Smith and the emerging urban South
Wikipedia. Enlaces en texto
Imagen: Internet






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